En Vivo

*Ignacio Luengo, sicólogo y terapeuta de día, músico, fotógrafo, productor de noche. Los últimos años ha fotografiado a decenas de bandas, especialmente emergentes, colaborando en el desarrollo de la escena musical local. Puedes ver más de su trabajo en Colectivo Lobo Negro, con el que ejecuta distintas acciones de arte.

Los habitantes de la vereda de la rumba


Trabajo hace años en un lugar particularmente estimulante, Maestra Vida, y entre las labores que he desempeñado una que me ha marcado más significativamente es sin duda la de estar en la entrada del local.

Mientras los parroquianos viven la rumba al interior, por la calle y la vereda, transita un universo de personajes: seres que buscan un lugar, seres que están perdidos en la noche, seres que saben dónde van, o seres que simplemente están.

De estos últimos hay un grupo que es especialmente llamativo, pues al parecer la dinámica del boliche los llama como polillas tras la luz, y rondan con dedicación la esquina de Pio Nono y Santa Filomena.

A eso personajes los denominamos “habitantes de la vereda”: locos, vagabundos (ahora se les denomina personas en situación de calle), bandidos, borrachos y drogadictos que están tocando alguna sima en sus existencias, puede ser viviendo en la calle, o en la ribera del río Mapocho que está a unas cuadras al sur de esta coordenada.

En la sociedad de la estructuración, la segregación de conductas disruptivas  en lugares especializados es la norma, espacios que la técnica se ha encargado de darle un estatus de normalizador: la cárcel, el hospital psiquiátrico, clínica de rehabilitación, el albergue. Cada una de esas instituciones pretende contenerlos.

Por eso es que impacta a la mirada aséptica de la modernidad encontrase con alguno de esos personajes, uno tras otro, pidiendo, pechando, robando, impacto que rápidamente es adormecida por la fiesta, o la costumbre, y en una especie de mimetización se mezclan con el paisaje de juerga, conteniendo cualquier reproche, sin conciencia que  esa asepsia es una cuestión de reciente construcción, más cuando entendemos que aquellos personajes han coexistido desde siempre con la urbe: el bandido y la subversión de la propiedad privada; el loco que es venerado en muchos lugares como intocables, y su segregación es tal recién desde mediados del siglo XIX; el vagabundeo es contenido por la beneficencia estatal o privada.

Como sea, en el entorno de la Maestra, estos habitantes adquieren una identidad, puede ser con un nombre de pila o un apodo, con lo que logramos darle una denominación: Richard, Chirley, “ComeGato”, Maradona, “viejo del saco”, el Gitano, “Shakira”, Luly… cada uno con una historia, cada cual y a su manera defensor de su condición, aplanando calles y salvando el día a día.

Tal vez, el único momento donde la condición de callejeros le pasa la cuenta es en los meses de frío y lluvia, pero así y todo mantienen inalterable su forma de sobrevivir.

Desde el primer tiempo en que trabajé en el boliche la presencia de estos personajes determinaba de algún modo la existencia de un afuera/adentro, la razón de la frontera, la distancia de los que están excluidos de la rumba, no porque no pudieran ser un aporte integrando al boliche, sino porque hay un equilibrio precario que debemos reconocer, entre lo que sucede en las distintas partes de la rumba de Maestra, donde se mezcla baile, alcohol, a veces algo de lujuria, y jauja, y en que los participantes tienen un pacto que respeta cuestiones mínimas en cada jornada, y que va más allá del valor del ticket, y estoy asumiendo que hay locos, vagabundos y bandidos que participan regularmente en la fiesta, en efecto, muchos de los rumberos tienen esas características, pero el punto es que el requisito es dejar esa condición en la vereda, en sus casas o en los lugares de habitación, es el único ropaje que no deben portar al interior, todos y todas son simplemente rumberos.

Pero hay excepciones. Una de esas es Guillermo. Algunos lo conocen como “monito” o “Maradona”. Ha sido un amigo y compañero leal de rumbas decenas de noches. Él tiene la doble condición, la mayoría de las veces van unidas: es callejero y tiene descontrol con las bebidas alcoholicas.

Es un personaje del barrio, conocido por muchos porque en años pasados trabajó ayudando en el extinto “Los Ladrillos” donde era una especie de mozo del administrador.

Llegó al local será unos 12 años de la mano de Julio, con la disposición a ayudar en lo que fuera a cambio de respeto, unas monedas, y el alcohol que pudiera “rescatar” de la noche.

Pero además tiene un extraordinario bagaje salsero, conociendo, desde el tiempo en que trabajó en “Los Ladrillos”, algunas salsas clásicas siendo sus preferidas las de Héctor Lavoe “Juanito Alimaña”, “Periódico de Ayer”, pero especialmente la versión de Roberto Torres “Caballo Viejo”, un himno a la belleza de la vida en voz de un viejo que canta su existencia en la historia de su jamelgo.

Otro de los que han rondado por siempre la Maestra es Richard. Probablemente, el más delirante de todos los locos que transitan por el sector, un verdadero pensador de la complejidad de la vida, situado al costado del pensamiento medido en la corrección, ideas que muchas veces se impiden siquiera exponerse como una posibilidad, por ejemplo, cuando años atrás pasaba con su mirada bizca, se acercaba al interlocutor como intentando cerciorarse de una reacción y lanzaba un sentido “… las mujeres son nefastas, nefastas!!!” y sin siquiera esperar una respuesta daba media vuelta y seguía un camino indeterminado que lo llevaría nuevamente, más tarde que temprano, a la puerta del local.

O Luly, una mujer de pelo revuelto y platinado que al pasar por la puerta realiza una bendición que termina coquetamente con un beso en la mejilla del ocasional portero del local.

Pero una de las integrantes más extrema de este club es sin lugar a dudas Chirley. De ella no se sabe mucho. Se dice que de escolar, será hace menos de 10 años, llegó al barrio pidiendo trabajo en los locales del sector, y que con los días se fue quedando, mutándose en un ente alcoholizado, sin aparente conciencia de su condición, buscando cerveza y cigarros que si no se le entrega voluntariamente puede arrebatarlos de los parroquianos que comparten en las mesas de las terrazas de Pio Nono, y por lo tanto, en permanente disputa con los meseros, quienes muchas veces la espantan lanzándole agua.

En general no es violenta, pero claro es violento verla pasar, cual animalito, hace sus necesidades en el lugar que el cuerpo le pide desaguar, sin importan otra convención más que su propio impulso.

Pero hay algo que sí es notorio para todos los que la vemos estar en el barrio, su ritmo, así es, ella tiene un especie de ritmo que en ocasiones la hace mover su cuerpo destrozado, con un cigarrillo en la boca, un vaso en la mano siguiendo la música del sector.

Todos estos habitantes están inscritos en la noción misma de identidad del barrio, de muchos de los locales que componen su mosaico, como Maestra Vida, del paisaje que hacen de las cuadras que va de calle Santa María hasta Domínica al norte, y de Constitución a Loreto por el poniente un gran patio de bandidos, locos y alcohólicos normalizados y los otros que están expuestos, en las veredas, sin otra careta que sus propias cualidades.

Sin ellos no sería lo mismo la Rumba.

Caronte

¡Un mural que invita a bailar! Nueva fachada de Maestra Vida

El arte siempre ha estado presente en el mítico local bohemio ubicado en Barrio Bellavista y ahora más que nunca ya que recientemente se ha inaugurado un mural que inspira alegría con fuertes y vivos colores. Este es sin duda, un hermoso regalo para toda la comunidad.

La esquina de Pio Nono con Santa Filomena es una intersección muy visitada por turistas y aficionados a la salsa y es que desde finales de los 80’s ahí se ubica Maestra Vida un lugar de encuentro dedicado al son latinoamericano. ¿Qué santiaguino no ha caminado alguna vez por esas calles festivas de Barrio Bellavista? Además, al pasar por fuera del local siempre se puede escuchar música viva que de inmediato hace el alma y el cuerpo bailar.

Actualmente, la fachada de este tan popular e histórico recinto nocturno ha sido reinterpretada por la muralista chilena Jennifer Díaz a.k.a Shetu Kiltra, quien junto a un equipo multidisciplinario crearon la nueva cara de la Maestra con una gran obra pictórica que representa la celebración y alegría características de nuestro continente.

Shetu Kiltra lleva más de 10 años dedicada al arte mural y cuenta con importantes obras en diversas comunas de Santiago y también en regiones. Uno de los más representativos es el mural realizado en mosaico que se encuentra en Metro Bellas Artes llamado “La infancia que debe ser” inaugurado en 2018. Otro que se destaca es el que se encuentra ubicado en el Río Mapocho y que mide más de 500 metros de largo, este fue creado en el marco de Festival Puerta del Sur 2018. Hoy la artista presenta su reciente y colorida intervención en Maestra Vida donde a simple vista se vislumbra un gran carnaval y diversos personajes que dan vida a una obra que llama a la fiesta.

Conversamos con la artista sobre cómo fue el proceso creativo en torno al mural y lo que significa para ella ser parte de este rincón mítico de Santiago.

-Cuéntame un poco sobre el mural que realizaste en Maestra Vida. ¿Qué técnica desarrollaste? ¿Trabajaste con un equipo? ¿Cuánto te tomó completarlo?

Trabajé con dos personas más, usamos pintura esmalte al agua y escogimos colores vivos que resaltaran la alegría del lugar. Estuvimos alrededor de siete días pintando a full desde la mañana hasta la noche. No podíamos trabajar los fin de semana porque transita mucha gente por esas calles. Paz, de Maestra Vida se comunicó conmigo para convocarme a este gran proyecto, ya habían comenzado a armar el boceto y ahí entré yo.

-¿Qué significa para ti haber estampado tu trabajo en este mítico espacio?

Me dio mucha alegría que me invitaran porque es un lugar muy turístico y además de lo que significa la Maestra, un lugar muy bohemio y de alegría, donde han pasado varias generaciones. Hay gente que ha ido toda una vida a bailar ahí. Es un lugar que resistió la dictadura donde hubo encuentros de actores y artistas en la clandestinidad prácticamente y hoy en día es un lugar de encuentro para quienes gustan del baile y la música. Me gusta mucho el ambiente. Además, le dan espacio al músico que quiere tocar y mantienen las raíces de la rumba afrodescendiente.

-¿Cómo fue el proceso creativo del muro?

El proceso creativo fue bien especial, el dueño de la Maestra no se encontraba bien de salud y Paz se hizo cargo en conjunto con él del diseño. En mis murales siempre trato de que, más allá de la técnica y quede algo espectacular, que cuente algo. Me gusta basarme en las historias que tienen que ver con la actualidad y/o hacer una crítica. Yo quería contar sobre el mambo que sucedía dentro, Paz quería que habláramos del carnaval en Latinoamérica, así llegamos al consenso de mural que pueden ver hoy. Fue bien especial, querían cambiar la fachada, antes había un mural característico de la Maestra pero se veía muy oscuro, querían darle más luz. Mi trabajo se caracteriza por el color, así que quedaba perfecto con lo que buscaban.

-Veo una mezcla de personajes latinoamericanos, ¿quiénes aparecen en el muro?

Desde Pio Nono hacia Sata Filomena, partimos con el fin de la esclavitud aparecen unas manos que se liberan de las cadenas. Después se puede ver una mujer embarazada que representa la ascendencia de nuestros orígenes latinoamericanos. Así saltamos al carnaval de Barranquilla que tiene unos personajes muy interesantes, en la parte principal hay un hombre y una mujer. Ella tiene muchos colores y representa la belleza y el carisma, él la parte más pícara de los personajes que se pueden ver en los carnavales de nuestra región continental. Al otro lado se puede ver un acercamiento a los carnavales altiplánicos como el Tinku y la Diablada. A la entrada de la Maestra hay una calaca para resaltar las tradiciones mexicanas que al dueño le gustan mucho. Incluso para los aniversarios siempre se disfrazan, hay toda una tradición. Quise mostrar el escenario desde abajo, como si todos en la calle fuéramos parte del público del local.

-¿Cómo ves la realidad actual del arte urbano en Chile?

Me parece bien, aunque aún la escena está dominada por hombres, ellos son quienes consiguen los grandes proyectos en Chile. Ha habido un despertar de las mujeres del país en esta área. Cada vez veo más chicas pintando en la calle. Me gustaría que nos uniéramos más como mujeres, yo creo que se va a ir dando con el tiempo. Ahora el arte urbano es el boom, es moda, como hace 10 años atrás era impensable que se dieran las oportunidades como es en la actualidad. Hay cabida para todos y todas.