La Plaza del Puma

Cada vez que miro el cartel que dice Bío-Bío, se me aprieta la guata. En esa calle fue la última vez que estuve consciente antes del accidente que me dejó casi muerta, con 2 prótesis internas y una larga rehabilitación.

Sin embargo, hace unos meses, en una suerte de acto sicomágico, fui a la Plaza Huemul a resignificar el espacio y la sensación, donde se realizaba una de esas tardecitas exquisitas que están organizando: música, espacio público, ambiente familiar, al sur de la Alameda. Distintas bandas donde uno logra reconocer a tremendos músicos de otras bandas, una pequeña feria. Un ambiente acogedor, algo así como cuando los domingos habían eventos en el Galpón y nos juntábamos en la plaza Brasil antes. ¿Es posible disfrutar de la musiquita sin que sea de madrugada y con decenas de zombies? Sí, parece que todavía sí.

Porque si queremos hablar de la Plaza del Puma, obligatoriamente tenemos que remontarnos al Barrio Franklin, al matadero, al persa, a la Casa Huemul (su centro de operaciones), a la plaza Huemul, al Barrio que parece una suerte de microclima entre un barrio históricamente comercial y difícil. Un barrio mucho más agresivo que un huemul, más parecido a un puma, como reza su nombre.

Patio Casa Huemul. Foto: Ignacio Luengo


Converso con Giancarlo y Felipe, las bases de la banda (que junto a Cristian Mancilla y Cristian Carvacho completan la Plaza del Puma) en esta casa-centro cultural-familia que forman en Casa Huemul. Me ofrecen un té con miel, me siento en un barco de madera, dentro de una casa que según me cuentan, está en su mejor estado desde que existe y se nota: en los detalles, cómo están ordenadas las cosas, la disposición del baño o como está cuidado el mural del patio. A lo lejos suena un saxo, hay entreabierta la puerta de un luthier, otros músicos pululando.

¿Qué onda la Plaza del Puma? ¿Qué onda una banda que ha decidido ( o no) quedarse más en el estudio que en las redes sociales, más en tocar preciso que en reproducciones. Hace unos días una amiga me preguntaba dónde podía saber de sus fechas, porque le habían gustado una vez que los vimos en el (Bar)Raíces y que pese a que no tienen nada que ver con la música que acostumbramos (o tiene todo que ver). Facebook o Instagram, pero no tocan tanto, hay que estar atentas-le respondo.

Felipe Borquez y Giancarlo Valdebenito. La Plaza del puma.
Foto: Ignacio Luengo

El último año los he escuchado unas 5 veces: Maestra Vida, Raíces, Plaza Huemul, Matta Sur y alguna otra si no me carrileo. Y siempre ha sido el mismo efecto por parte de los que los escuchan “oye los cabros wenos”. Porque dentro de las propuestas musicales de un circuito un tanto refrito, aparecen como algo nuevo, distinto, llamativo.

¿Qué tocan?

Una fusión de música popular con jazz y hip hop. A veces se puede escuchar un cuatro, sonando fuerte y a ratos un contrabajista que rapea unas coplas huachas. Un cuatro , un cajón. Valses peruanos, reggae. Un acordeón que viene ejecutando desde Chiloé. Hablan de orígenes familiares, del barrio, de amor, de desamor. La realidad política nacional. Lo que sucede en los barrios, la educación, migración.

Siempre los pelo con que deben ser de la gente con la que me ha tocado trabajar que más respeto,precisión, dedicación-en sonido, horarios y trato- tanto que desde ahí me empecé a preguntar ¿No es esto normal? ¿No debería ser lo obvio siempre que nos tratáramos bien en las producciones? El chiste es que no. No es lo obvio siempre y se agradece encontrar en el camino otras formas, otros espíritus, otras ondas, otros esquemas, otras formas de escuchar música, escuchar otras músicas, otros esquemas. Que estén desarrollando y poniéndole energía a otros satélites musicales en una ciudad tan centralizada sobre todo en lo cultural.

Son generosos y todas las veces que hemos hablado de ello, hablan del trabajo en equipo y de su sonidista, quien hace tal vez gran parte: hace que ellos suenen (así de) bien.

Sabemos que cuentan con proyectos paralelos con mayor o menor exposición: La Gallera, Los Celestinos, Nano Stern o su participación como músicos del espectáculo de Natalia Valdebenito. Sin embargo, sigue siendo este proyecto musical el que se lleva mi aplauso cerrado.

La Plaza del Puma, es una de esas bandas que cuando llegas a esa conversación de cuando los amigos te dicen qué podrías escuchar de lo que está sonando en Chile hoy, qué es de lo que te ha llamado la atención del último tiempo, qué te ha sorprendido musicalmente o ha salido del estilo de bandas que uno suele escuchar, aparece entre las primeras opciones y de hecho liderando la lista de lo que estoy escuchando mientras termino este post en algún lugar de latinoamérica.

Me cuentan que van a sacar un disco, que se suma a sus dos trabajos anteriores. , donde hay más música que ruido, parafernalia o tremendos equipos de producción. Más música que vestuarios, historias en instagram o notas de prensa.

Los puedes seguir en sus esquivas redes sociales en lo personal, para apuntarse a alguna de las tocatas que están haciendo en la casa o en otros espacios y prepararse para esa hora de sonido, sorpresa y trabajo meticuloso de un sonido impecable en Youtube, Spotify o Instagram

Cuando paso por la calle Bío Bío, se me sigue apretando la guata como siempre, pero ahora suena una musiquita que me recuerda buenos momentos-como todas las veces que los he escuchado/visto y siempre me queda una sensación tan exquisita- y se me resignifica el espacio, como cuando uno escucha con alegría, canciones tristes.

La Maestra: 30 años de rumba y resistencia


La Salsoteca Maestra Vida ha sido un espacio pionero en la difusión de los ritmos afroantillanos, particularmente del género salsa, desde las postrimerías de la dictadura militar. Sin embargo, también ha sido un espacio abierto a otras expresiones culturales, siempre atento al devenir sociopolítico del país.

Por Emmanuel Ganora

El calendario de 1988 se acercaba al mes de octubre y en Chile se abría una de las mayores incógnitas de su historia. ¿Cuál sería el futuro de la entonces dictadura gobernante? Por entonces, el régimen había abierto los registros electorales para la realización de un plebiscito que decidiría las formas de tránsito hacia la democracia. Muchos miraban el proceso con escepticismo y no pocos derechamente dudaban que Augusto Pinochet respetara una muy posible derrota. Razones para el escepticismo sobraban, entre otras cosas, por el reguero de sangre derramada durante los –hasta entonces- quince años de tiranía.

Era un país aislado, triste y castrado. A los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos -3.227 víctimas, según el Informe Rettig- y torturados  -28.459 , según el Informe Valech-, al régimen se le sumaban cifras que revelaban amplios bolsones de marginalidad -45% de pobreza promedio-, pese al discurso modernizador sustentado por sus economistas. En aquella década de los ochenta, además, comenzaron las primeras jornadas de protestas las que, por cierto, terminaban con estado de excepción que amparaban los horrores de sus aparatos de represión. De ahí que la banda sonora de aquellos años se expresara con desolación, como el caso paradigmático de Santiago del Nuevo Extremo, o con el desenfado de Los Prisioneros.

No obstante, el 08 de septiembre de 1988, en la intersección de Pio nono con Santa Filomena, abría las puertas un lugar donde el goce también era una forma de resistencia al miedo y la represión: Maestra Vida. La salsoteca que hasta el día de hoy mantiene viva su tradición rumbera y su apertura a expresiones culturales y políticas.

¿Cómo es que los colores del trópico dieron vida a aquella desolación austral?

La clave del exilio

Fue en los años previos a la apertura de Maestra Vida que un grupo de salseros se reunía con la complicidad propia de la contracultura. Muchos de ellos venían retornando hacía poco al país luego de años de exilio en países donde la salsa y su expresión en baile era parte de la vida cotidiana. Un caso emblemático es el del periodista Víctor Mandujano, exiliado 11 años en Venezuela.

“Yo estuve en los años de explosión de la salsa, en los años de la Dimensión Latina con Oscar de León y las grandes orquestas de Cuba. Para ellos, bailar es como hablar. Para que te hagas una idea, aún recuerdo una vez cuando una dueña de casa esparcía talco en el piso para que la gente que bailara se pudiera deslizar”, rememora Mandujano.

Fue en 1986 que en el taller del fotógrafo Jorge Opazo, ubicado en la calle Salvador Donoso en barrio Bellavista, se organizó el primer Club de Salsa. Participación especial tuvieron el abogado Domingo Zamora –abogado exiliado en Alemania-, Patricia “Paca” Jiliberto –pintora exiliada en Ecuador-, Mario Rojas –músico, exiliado en Nicaragua, EE.UU. y Australia-, Juana Millar, además del propio Mandujano y su compañera Patricia Orozco. La discoteca la aportó el propio Mandujano, quien trajo cerca de 2000 vinilos en barco desde Venezuela, luego de haber fungido como conductor del programa radial, “Síncopa”, emitido por Emisora Cultural de Caracas.

Lo que al principio era un malón de un pequeño grupo de salseros, cada vez se fue masificando. Las necesidades de espacio hicieron que el club fuera itinerando, llegando a su cenit en el extinto Club Antofagasta, ubicado en las actuales dependencias del Servicio Electoral de calle Esmeralda con una convocatoria de 800 personas. El entusiasmo llegó a tal nivel que, influenciados por el club, llegó a tener música en vivo: La Banda, acaso la primera orquesta de salsa en Chile, de la cual Mandujano hacía los coros y la “percusión menor” (maracas, güiro, clave), retomando su instinto musical que fue cultivado por las agrupaciones tropicales de antaño como la Orquesta Huambaly y su experiencia en el swing como baterista de la Retaguardia Jazz Band.

“La influencia del exilio fue fundamental. Llegó gente que conocía esta música que ya medio bailaban. Todos aprendimos mirando. Unos afuera y otros aquí adentro. Se producía como una catarsis frente a la dictadura”, agrega Mandujano. Mientras, la prensa de la época acusaba recibo del fenómeno: “La fiesta que le pisará los talones a la nueva era democrática que ya viene”, consignaba Cauce, revista opositora al régimen militar.

Por entonces, un empresario que había vivido un autoexilio en Ecuador, Carlos Pérez (en adelante Charly) se contactó con Mandujano para que le proporcionara parte de su discografía para un posterior emprendimiento cultural: Maestra Vida, en honor a la ópera salsa de Rubén Blades grabada por el sello Fania en 1980. “Le grabé unos 10 cassetes a cambio de unos pesos. Justo me encontraba cesante”, recuerda Mandujano.

Un tridente a los pies del cerro

Antes que Maestra Vida fuera el espacio que ocupa hoy, esa emblemática esquina de Pio Nono que esquiva el Cerro San Cristóbal lo ocupaban tres negocios: una shopería llamada La Punta, un local intermedio y una botillería. Charly Pérez, junto a su socio Manuel Bulnes –ambos conocidos en la UC en los años de la UP, con posterior vida conjunta en Ecuador- arrendaron la shopería y en el local intermedio instalaron un boliche de perfil salsero, conectados ambos lugares con una puerta intermedia. En 1993, en tanto, los dominios de Maestra Vida alcanzan la botillería, quedando un solo lugar dedicado a la rumba. De ahí se explica la arquitectura laberíntica del local. Desde entonces figura con uno de sus murales realizado por Amanda Jara, hija del trovador Víctor Jara.

En La Maestra comenzaron a congregarse dos tipos de público: el rumbero de pura cepa que iba a echar pie con las grandes obras de la salsa dura de New York, y los artistas que protagonizaron la tímida apertura cultural con el retorno a la democracia. Se hicieron parroquianos los actores Alejandro Goic, Mateo Iribarren, Luz Croxatto, Patricia Rivadeneira, Antonio Skármeta, entre otros. Muchos de estos artistas llegan buscando refugio tras la agonía del mítico bar Jaque Mate en Plaza Italia, desde donde salió el garzón Sergio Martínez, personaje mítico en la intelectualidad bohemia, a seguir su faena bohemia precisamente en Maestra Vida. Facilitaba el trasnoche el criterio medianamente relajado de Carabineros a inicios de los noventa, por lo que mucha veces se bajaba la cortina y el local seguía con vida propia hasta las primeras horas de la mañana.

El local se hacía de un espacio en el circuito bohemio de Santiago. Los noventa avanzaron, Manuel Bulnes sale de la copropiedad, y Maestra Vida lentamente se sume en el letargo. Eran los años en que Chile se asumió “Jaguar” de América Latina, Marcelo “Chino” Ríos se ufanaba de “no estar ni ahí” con el entorno, las revistas opositoras a la dictadura fueron desapareciendo con la complicidad de los gobiernos de la Concertación. Más que destape cultural, parecía que la transición a la democracia la protagonizaba una sensación de apatía.

Felix Kof, uno de los dueños actuales de Maestra Vida, profundiza: “Por aquella época, Charly Pérez se concentra en otro proyecto, similar a Maestra Vida, que se iba a llamar La Farándula, la que estaría emplazada en Ñuñoa. El proyecto no fructificó. Después Charly contrataría a distintos administradores, pasaría por ciertos desórdenes financieros y bueno, también influyó cierta distracción producto de su vida disipada”, señala. “En el país había como una letanía, Chile se miraba mucho el ombligo”, agrega.

La Maestra se politiza

Con el cambio de milenio, La Maestra retoma su espíritu fundacional. La música en vivo se hace una práctica habitual y la oferta cultural se amplía y diversifica con expresiones como exposiciones pictóricas y artes escénicas.  Charly Pérez, además, comienza a experimentar con algunas prácticas que enfatizan la identidad del lugar, generando un sentido de comunidad con su público fiel. Ejemplo de ello es la libertad creativa otorgada a los DJs –intervenciones de cueca, uno que otro bolero, por ejemplo-, la creación de un circulante denominado “Salvador” en plena crisis económica del 2008 que valía por mil pesos. “Charly siempre defendió la idea que La Maestra entregara un mensaje lúdico y disruptivo”, acota Felix Kof. También la creación de un programa en la radio Universidad de Chile conducido por el músico peruano y DJ Manuel Ramírez. Por orden expresa de Charly Pérez, se limita el precio de las entradas para las bandas en vivo, “por más famosas que fueran”, enfatiza Felix Kof.

Junto a ello, La Maestra se vuelve semillero de la nueva generación de bandas que tienen como base la música latina. Hacen sus primeras armas en el lugar agrupaciones como Villa Cariño, Santa Feria, Banda Conmoción, Juana Fe, Banda Conmoción y Chico Trujillo, quien incluso alude a La Maestra en la canción “Gran Pecador”: En la maestra vida, camará/Se baila con la fiebre del lugar/un signo que en Santiago pese a todo, está respirando…

El periodista investigador de la música afroantillana, Pablo Dintrans, apunta: “La Maestra Vida recogió la mística que antes tuvo el Club de Salsa, desde un punto de vista contracultural. Es una línea que han mantenido a través del tiempo; no es solamente rumba, sino también otras expresiones artísticas y culturales. Y a pesar de que la música en vivo ha estado de capa caída, La Maestra persiste con bandas interpretando su música, con un trato económico bastante justo y favorable para los músicos”, dice el también conductor del programa radial Estación Aeropuerto, espacio de difusión pionera en los ritmos afroantillanos.

También La Maestra se vuelve sensible a los cambios sociopolíticos que experimenta el país. Desde la Revolución Pingüina del 2006 hasta el truncado Proceso Constituyente del 2016, el local derechamente se politiza.

Es así que en el 2009, los trabajadores de La Maestra declaran públicamente su apoyo a la candidatura presidencial de Jorge Arrate por el pacto Juntos Podemos Más en el 2009, además de respaldar la candidatura parlamentaria del dirigente sindical Cristián Cuevas. En el 2011, en tanto, La Maestra adhiere a las movilizaciones estudiantiles como “Movimiento Maestra Vida”. Para ello, organiza dos versiones de “Salsatón por la Educación” en Plaza de Armas con rumba en vivo, además de establecer convenio con la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile para fijar una tasa de descuentos a los alumnos de la “Casa de Bello”.

La diputada Camila Vallejo (PC), por entonces una de las líderes del movimiento y rumbera ocasional de La Maestra, recuerda esos años de movilizaciones: “Había un apoyo explícito a las demandas del movimiento estudiantil. Sentíamos un respaldo de parte de la organización y de La Maestra en particular, a todo lo que estábamos peleando y luchando en ese tiempo”, rememora. Y fue muy buena la política de tarifa rebajada, porque el tema de la salsa no pegaba mucho en las fiestas universitarias”.

Uno de los últimos hitos donde La Maestra marcó postura fue en el Proceso Constituyente del segundo mandato de Michelle Bachelet, uno de los llamados “ejes estructurales” de su programa de gobierno que prometía derivar en una nueva Carta Fundamental y que, sin embargo, no avanzó más allá de su fase embrionaria. Maestra Vida convocó a uno de los denominados Encuentro Local Autoconvocado, en el que participaron trabajadores y rumberos como la actual presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches. Junto con defender conceptos como “Democracia Participativa y Vinculante” y “Equidad de Género”, otro de los principios que más se destaca en el documento es la “soberanía del cuerpo” como espacio de derecho y goce.

“La Maestra tiene la capacidad de hacer lectura del país, es muy sensible a los cambios de la sociedad, tenemos que resolver tópicos sociales pendientes. Por ejemplo: ¿cómo enfrentar la corporalidad en la pista desde el respeto? ¿Debemos hacer una suerte de protocolo? Es complejo porque, además, estamos en un contexto bohemio de libertad y goce”, proyecta Felix Kof.

1988. El contexto político que vió nacer a Maestra Vida

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Existen distintas formas de aproximarse a la historia y distintas consideraciones temporales cuando queremos analizar una era, una época, un período, un acontecimiento o una coyuntura. Por estos motivos, hablar de objetividad para escribir la historia tiene que ver más con la rigurosidad de la metodología que se aplique para analizar un período histórico y las fuentes que se utilicen para respaldar y fundamentar el mismo, y menos con una sola forma de interpretar la historia. En este sentido, la historia no solo se compone de hechos lineales y enumerables, sino que es algo más profundo que tiene que ver con las múltiples conexiones de unos hechos con otros y las distintas interpretaciones que se puedan elaborar en esta compleja red.

Si la historia tuviera una única lectura, no existirían tantas versiones de cómo se ha desarrollado. Además, como mencionamos antes sobre las distintas formas de aproximación y estudio, esto guarda relación con los enfoques desde los que decidimos leer la historia. Comúnmente, estos se diferencian entre los enfoques económico, político, social, cultural, institucional, entre otros. Así mismo, existe la historia de los grandes personajes y los héroes patrios, así como la historia desde abajo y desde adentro, como lo menciona Gabriel Salazar, la historia de los movimientos sociales, populares y ciudadanos, que se emparenta muchas veces con la historia de los vencidos frente a la de los vencedores. Claramente, hay más perspectivas de interpretación y enfoque, pero siempre existe eso: una posición desde la que nos emplazamos que se vincula con el lugar que ocupamos en este mundo.

Es así como la década de los ochenta ha quedado grabada en la memoria de muchos, adoptando distintas formas y vivida desde diversos lugares. En esta década, a pesar de la represión promovida y ejecutada por la dictadura, el movimiento político estuvo lejos de apagarse, comenzando en 1983 con las jornadas de protesta nacional, y frente al apagón cultural, se respondió con la resistencia contracultural.

Para muchos el año 1988 es un hito importante dentro de la historia reciente chilena que rompió con los largos años de la oscura dictadura. Símbolo de este hito fue el plebiscito que daba a elegir entre la continuación de la dictadura o su término, teniendo como candidato único a Pinochet. Hechos políticos de relevancia se dieron lugar desde los primeros meses de aquel año, como fue la constitución de una coalición político-electoral: la Concertación de Partidos por el No, que reunió a 16 partidos y agrupaciones opositoras a la dictadura.

Esta fue una coyuntura histórica que tuvo como una de sus características más importantes, el notable el crecimiento del padrón electoral: se inscribieron 7.435.913, lo que equivale al 97,53% de las personas habilitadas para votar. Un porcentaje sin precedentes en la historia política-electoral lo que, sin duda, fue el producto de una movilización de masas que, a pesar de los temores de implicarse en un proceso eleccionario convocado por la dictadura, no vaciló en adherirse a la opción del No, dándole un 54,70%, frente a un 43% que apoyó la opción del Sí. Estas cifras son importantes si pensamos este proceso como el resultado de una incubación y desarrollo de la fuerza opositora popular a la dictadura, puesto que se traduce en términos numéricos una fuerza que venía actuando de manera subterránea y da cuenta, entre otras cosas, de la magnitud de convocatoria que tuvo el llamado a derrocar la dictadura.

En términos de procesos históricos de más largo alcance, cuando hablamos del año 1988 y pensamos en la actualidad, una palabra que puede definir relativamente este paso es la transición política que significó el paso de la dictadura a la democracia, pero que ha marcado un paso lento y gradual.

En la memoria colectiva está grabado el plebiscito de 1988 como el acontecimiento que terminó con la dictadura y que, posteriormente, dio paso a la elección de Patricio Aylwin como el primer presidente electo por votación popular desde de 1970. Sin embargo, pasada ya varias décadas, surge la pregunta: ¿es una democracia legítima la que vivimos, a pesar de estar regida por una constitución hecha en dictadura?  

Esto nos da una idea de cómo han transcurrido las tres décadas desde 1988. La magnitud de los votantes que se inscribieron para votar por el No, fue la traducción numérica de una movilización popular que se vino tejiendo durante años, pero con el pasar del tiempo se fue disolviendo y segregando, hasta llegar a una sociedad segmentada y bajo una profunda crisis de representatividad hundida en un sistema neoliberal que pareciera no tener salida ni fin.

Gabriel Salazar se refirió a este tema, pero lo inscribe más bien dentro de una crisis política de representación y legitimidad y se pregunta sobre la legitimidad de los gobiernos con tanta abstención electoral. Al respecto, comenta Salazar, que el despertar de la ciudadanía ha tenido como consecuencia la evidencia de un sistema de crisis, donde no existe confianza en los partidos políticos ni en los políticos ni en los procesos eleccionarios. Por otro lado, ve esta situación como un proceso abierto, puesto que el movimiento ciudadano avanza en una revolución de la mentalidad, mas no estructuralmente, y sin tener claro cómo avanzar.

Así, si vemos la historia en perspectiva y contextualizamos aquel período de fines de 1988, momento que se vive un cambio radical en Chile y, al mismo tiempo, vemos el presente, hay muchas cosas que han cambiado, por supuesto. Sin embargo, aún existe el peso de una historia y un régimen que reprimió durante años y la reconciliación que se publicitó como el objetivo al que debería aspirar los distintos sectores sociales, está muy lejos de concretarse en la medida que vivimos un régimen democrático regulado por la dictadura. Entonces. ¿cuál es la salida en este presente y futuro incierto y pesimista? Tal vez este sea un final abierto, donde las nuevas revoluciones que se están gestando, desde abajo, sean los que comiencen a escribir la historia.

OLIVIA ROJAS G.

¡Un mural que invita a bailar! Nueva fachada de Maestra Vida

El arte siempre ha estado presente en el mítico local bohemio ubicado en Barrio Bellavista y ahora más que nunca ya que recientemente se ha inaugurado un mural que inspira alegría con fuertes y vivos colores. Este es sin duda, un hermoso regalo para toda la comunidad.

La esquina de Pio Nono con Santa Filomena es una intersección muy visitada por turistas y aficionados a la salsa y es que desde finales de los 80’s ahí se ubica Maestra Vida un lugar de encuentro dedicado al son latinoamericano. ¿Qué santiaguino no ha caminado alguna vez por esas calles festivas de Barrio Bellavista? Además, al pasar por fuera del local siempre se puede escuchar música viva que de inmediato hace el alma y el cuerpo bailar.

Actualmente, la fachada de este tan popular e histórico recinto nocturno ha sido reinterpretada por la muralista chilena Jennifer Díaz a.k.a Shetu Kiltra, quien junto a un equipo multidisciplinario crearon la nueva cara de la Maestra con una gran obra pictórica que representa la celebración y alegría características de nuestro continente.

Shetu Kiltra lleva más de 10 años dedicada al arte mural y cuenta con importantes obras en diversas comunas de Santiago y también en regiones. Uno de los más representativos es el mural realizado en mosaico que se encuentra en Metro Bellas Artes llamado “La infancia que debe ser” inaugurado en 2018. Otro que se destaca es el que se encuentra ubicado en el Río Mapocho y que mide más de 500 metros de largo, este fue creado en el marco de Festival Puerta del Sur 2018. Hoy la artista presenta su reciente y colorida intervención en Maestra Vida donde a simple vista se vislumbra un gran carnaval y diversos personajes que dan vida a una obra que llama a la fiesta.

Conversamos con la artista sobre cómo fue el proceso creativo en torno al mural y lo que significa para ella ser parte de este rincón mítico de Santiago.

-Cuéntame un poco sobre el mural que realizaste en Maestra Vida. ¿Qué técnica desarrollaste? ¿Trabajaste con un equipo? ¿Cuánto te tomó completarlo?

Trabajé con dos personas más, usamos pintura esmalte al agua y escogimos colores vivos que resaltaran la alegría del lugar. Estuvimos alrededor de siete días pintando a full desde la mañana hasta la noche. No podíamos trabajar los fin de semana porque transita mucha gente por esas calles. Paz, de Maestra Vida se comunicó conmigo para convocarme a este gran proyecto, ya habían comenzado a armar el boceto y ahí entré yo.

-¿Qué significa para ti haber estampado tu trabajo en este mítico espacio?

Me dio mucha alegría que me invitaran porque es un lugar muy turístico y además de lo que significa la Maestra, un lugar muy bohemio y de alegría, donde han pasado varias generaciones. Hay gente que ha ido toda una vida a bailar ahí. Es un lugar que resistió la dictadura donde hubo encuentros de actores y artistas en la clandestinidad prácticamente y hoy en día es un lugar de encuentro para quienes gustan del baile y la música. Me gusta mucho el ambiente. Además, le dan espacio al músico que quiere tocar y mantienen las raíces de la rumba afrodescendiente.

-¿Cómo fue el proceso creativo del muro?

El proceso creativo fue bien especial, el dueño de la Maestra no se encontraba bien de salud y Paz se hizo cargo en conjunto con él del diseño. En mis murales siempre trato de que, más allá de la técnica y quede algo espectacular, que cuente algo. Me gusta basarme en las historias que tienen que ver con la actualidad y/o hacer una crítica. Yo quería contar sobre el mambo que sucedía dentro, Paz quería que habláramos del carnaval en Latinoamérica, así llegamos al consenso de mural que pueden ver hoy. Fue bien especial, querían cambiar la fachada, antes había un mural característico de la Maestra pero se veía muy oscuro, querían darle más luz. Mi trabajo se caracteriza por el color, así que quedaba perfecto con lo que buscaban.

-Veo una mezcla de personajes latinoamericanos, ¿quiénes aparecen en el muro?

Desde Pio Nono hacia Sata Filomena, partimos con el fin de la esclavitud aparecen unas manos que se liberan de las cadenas. Después se puede ver una mujer embarazada que representa la ascendencia de nuestros orígenes latinoamericanos. Así saltamos al carnaval de Barranquilla que tiene unos personajes muy interesantes, en la parte principal hay un hombre y una mujer. Ella tiene muchos colores y representa la belleza y el carisma, él la parte más pícara de los personajes que se pueden ver en los carnavales de nuestra región continental. Al otro lado se puede ver un acercamiento a los carnavales altiplánicos como el Tinku y la Diablada. A la entrada de la Maestra hay una calaca para resaltar las tradiciones mexicanas que al dueño le gustan mucho. Incluso para los aniversarios siempre se disfrazan, hay toda una tradición. Quise mostrar el escenario desde abajo, como si todos en la calle fuéramos parte del público del local.

-¿Cómo ves la realidad actual del arte urbano en Chile?

Me parece bien, aunque aún la escena está dominada por hombres, ellos son quienes consiguen los grandes proyectos en Chile. Ha habido un despertar de las mujeres del país en esta área. Cada vez veo más chicas pintando en la calle. Me gustaría que nos uniéramos más como mujeres, yo creo que se va a ir dando con el tiempo. Ahora el arte urbano es el boom, es moda, como hace 10 años atrás era impensable que se dieran las oportunidades como es en la actualidad. Hay cabida para todos y todas.

Los Berrú, sin Max

Nací hace 4 décadas en Italia, durante el exilio de mis padres en Italia, durante el largo período de la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet Ugarte. Mi padre, fundador y ex integrante del emblemático conjunto Inti-illimani, se separó de mi madre a mis 4 años. Durante una década, con mi hermano 5 años mayor que yo, Tocori, fin de semana por medio, estuvimos  cimentándonos de música, de viajes, de giras y de mucho amor, regaloneados por nuestro padre. Una verdadera dicha. Luego esa dicha se hizo mucho más intermitente: Max Berrú, decidió seguir la aventura musical, cumpliendo el deseo de volver a su segunda patria, Chile. La primera, obvio, fue su natal Ecuador. Nosotros continuabamos en Italia. Recién llegué a habitar este estrecho y largo país en 1997, a la edad de 19 años. Viví junto a mi padre y su nueva familia, conformada por su esposa Mónica y mi hermana Aruma. Mi hermano Tocori había llegado 5 años antes que yo. Bueno, allí empezó una nueva aventura para mí.

Así, durante 10 años mi padre, luego de haberse retirado del conjunto, fue dueño de un conocido restaurante de comida ecuatoriana en pleno providencia,  “La Mitad del Mundo”. Este colorido local tenía un escenario por donde pasaron muchos músicos jóvenes y otros ya consagrados, humoristas y artistas de otra índole. Trabajé en la cocina, en el bar y en la caja durante ese periodo, intermitentemente. Luego de una década, por diversas razones, de salud, entre otras, mi padre decidió vender el restaurante y se dedicó a la carrera de solista con la banda “Los Insobornables” de la cual sigo siendo parte. Me dediqué a cantar y a tocar la trompeta. En un principio éramos 4 músicos, entre los cuales Joaquín Figueroa, que conoció a mi padre en La Mitad del Mundo, cantando a dúo con Nicolás Valenzuela y a Cristian Guaico, del grupo Amaru. Luego se nos unió mi hermano Tocori, en guitarrón mexicano, guitarra y quena. Mi padre ya había publicado 2 discos de música, “Íntimo” e “Íntimo 2-Cantando como yo canto”. Salimos de gira a lo largo del país y 5 veces a Ecuador. La última vez fue en septiembre del año 2017… meses antes de que falleciera mi padre. A esa fecha,  ya le habían diagnosticado el cáncer a la sangre que lo afectaba. Max Berrú Carrión, como muchos saben, murió el 1 de Mayo de 2018. Una fecha bien significativa para quién fuera un luchador social, un artista consecuente con su época y con el sueño de un mundo mejor. Su velorio y funeral fue multitudinario.

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En lo personal, me he dedicado a la música más seriamente en los últimos 5 años. Participo en diversos proyectos, dentro de los cuales está “Los Insobornables”, junto a mi hermano Tacori, y otros 4 músicos.

En la actualidad estamos dedicados a la realización de un disco tributo a Max Berrú -nos ganamos un proyecto FONDART-. El disco, que debería salir a fines de este año, contará con la colaboración de destacados músicos nacionales, todos ellos vinculados con mi padre. Roberto Marquez de “Illapu”, Jorge y Marcelo Coulon del “Inti-Illimani”, Elisabeth Morris, Pedro Foncea de  “De Kiiruza”, Joe Vasconcellos y muchos otros. Obviamente, la banda soporte seremos “Los Insobornables”. Mi hermano es el productor musical y yo el productor del arte.

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No es fácil estar sin Max Berrú.  Durante 20 años estuve trabajando directamente con él, colaborando, así como en el último periodo, dónde fui un poco el secretario y el manager de su agenda artística. Eso fue una dicha y una pesadilla a la vez, ya que peleabamos seguido, o más bien discutíamos habitualmente. Ambos caballo en el horóscopo chino y géminis en el zodiacal. Muy parecidos en el modo de ser: apurón y testarudo… Pero re-buenos para relacionarnos con la gente. De hecho nuestra fortaleza siempre han sido las relaciones públicas. Extraño harto a mi padre, pero me siento tranquilo, estuvimos bien cercanos y ahora más que nunca cerca con la familia. El legado que nos deja este gran personaje es enorme. La posta que recibo es en especial importante, pero bien “confeccionada”. Es decir, siento que tengo la tarea de seguir en este baile, el de la música, el del desarrollo personal haciendo lo que me gusta: la música. Aprendiendo a dominar un instrumento tan complejo como lo es la trompeta y la voz. La herencia es algo que no perdona, y sería imperdonable dejarlo pasar. Así es que, siento que estoy en ese proceso hermoso y delicado a la vez de tener, junto a mis compañeros de recorrido, que continuar, no digo reemplazar a quién realmente es irremplazable, la senda de una de las voces más aterciopeladas de este país.  

Cristóbal Berrú Germain