Orgullo y prejuicio y perreo

Orgullo y prejuicio y perreo

Dime qué bailas y te diré quién eres, ha sido para muchos la premisa a la hora de definir la música que les gusta bailar en las fiestas. Basta que alguien te diga que le gusta salir a bailar bachata o rock para generar inmediatamente un perfil en tu cabeza, y por supuesto un inmediato rechazo o aprobación de la persona en cuestión. El orgullo y el prejuicio.

Empecé a salir a carretear y bailar en mi adolescencia a fines de los 90. Siempre me encargué de la curatoría de la música para generar ambiente y hacer que la gente bailara. En mis primeras fiestas yo pertenecía a los más jipis, entonces bailábamos a los Cadilllacs y otros hits de la época, y cuando se hacían las selecciones de música había reglas: no ponía nada electrónico o “punchi punchi” porque eso era demasiado pop, no ponía cumbia porque eso era muy punga (aún no se usaba el término flayte).

Pero pasó el tiempo, y de pronto estábamos escuchando lo que habíamos prometido jamás tocar.

Luego vino el reggaetón, y la misma historia: que era muy pop, que era muy flayte, que era una moda pasajera y que en un par de años todos lo habríamos olvidado. De eso se cumplen 15 años. Al comienzo las mentes se abrieron ante algunas bandas, que Calle 13, porque tenía más contenido “social”, que Bomba Estéreo porque mezclaba con otros sonidos que si eran aptos para tus refinados oídos. Pero una cosa llevo a la otra y la otra a aquella. Hoy ya no tenemos muy claros los límites de lo que se debe o no escuchar, de que es lo que corresponde al espectro social al cual tanto deseamos pertenecer y … digámoslo… acepta que te has visto perreando hasta el piso, y lo has disfrutado.

La siguiente lista es una invitación a dejar de lado, de una vez por todas, el orgullo y el prejuicio.  Si al final, es una verdad universalmente reconocida que en la pista de baile todos lo olvidamos todo.



*Dj Calentrópica es el alter ego de Pachi Araya, una persona de la que podríamos decir muchas cosas, pero mejor que la música hable por ella misma. Puedes seguir sus playlist en su perfil de Spotify *

Playlist:


En Vivo

*Ignacio Luengo, sicólogo y terapeuta de día, músico, fotógrafo, productor de noche. Los últimos años ha fotografiado a decenas de bandas, especialmente emergentes, colaborando en el desarrollo de la escena musical local. Puedes ver más de su trabajo en Colectivo Lobo Negro, con el que ejecuta distintas acciones de arte.

Los habitantes de la vereda de la rumba


Trabajo hace años en un lugar particularmente estimulante, Maestra Vida, y entre las labores que he desempeñado una que me ha marcado más significativamente es sin duda la de estar en la entrada del local.

Mientras los parroquianos viven la rumba al interior, por la calle y la vereda, transita un universo de personajes: seres que buscan un lugar, seres que están perdidos en la noche, seres que saben dónde van, o seres que simplemente están.

De estos últimos hay un grupo que es especialmente llamativo, pues al parecer la dinámica del boliche los llama como polillas tras la luz, y rondan con dedicación la esquina de Pio Nono y Santa Filomena.

A eso personajes los denominamos “habitantes de la vereda”: locos, vagabundos (ahora se les denomina personas en situación de calle), bandidos, borrachos y drogadictos que están tocando alguna sima en sus existencias, puede ser viviendo en la calle, o en la ribera del río Mapocho que está a unas cuadras al sur de esta coordenada.

En la sociedad de la estructuración, la segregación de conductas disruptivas  en lugares especializados es la norma, espacios que la técnica se ha encargado de darle un estatus de normalizador: la cárcel, el hospital psiquiátrico, clínica de rehabilitación, el albergue. Cada una de esas instituciones pretende contenerlos.

Por eso es que impacta a la mirada aséptica de la modernidad encontrase con alguno de esos personajes, uno tras otro, pidiendo, pechando, robando, impacto que rápidamente es adormecida por la fiesta, o la costumbre, y en una especie de mimetización se mezclan con el paisaje de juerga, conteniendo cualquier reproche, sin conciencia que  esa asepsia es una cuestión de reciente construcción, más cuando entendemos que aquellos personajes han coexistido desde siempre con la urbe: el bandido y la subversión de la propiedad privada; el loco que es venerado en muchos lugares como intocables, y su segregación es tal recién desde mediados del siglo XIX; el vagabundeo es contenido por la beneficencia estatal o privada.

Como sea, en el entorno de la Maestra, estos habitantes adquieren una identidad, puede ser con un nombre de pila o un apodo, con lo que logramos darle una denominación: Richard, Chirley, “ComeGato”, Maradona, “viejo del saco”, el Gitano, “Shakira”, Luly… cada uno con una historia, cada cual y a su manera defensor de su condición, aplanando calles y salvando el día a día.

Tal vez, el único momento donde la condición de callejeros le pasa la cuenta es en los meses de frío y lluvia, pero así y todo mantienen inalterable su forma de sobrevivir.

Desde el primer tiempo en que trabajé en el boliche la presencia de estos personajes determinaba de algún modo la existencia de un afuera/adentro, la razón de la frontera, la distancia de los que están excluidos de la rumba, no porque no pudieran ser un aporte integrando al boliche, sino porque hay un equilibrio precario que debemos reconocer, entre lo que sucede en las distintas partes de la rumba de Maestra, donde se mezcla baile, alcohol, a veces algo de lujuria, y jauja, y en que los participantes tienen un pacto que respeta cuestiones mínimas en cada jornada, y que va más allá del valor del ticket, y estoy asumiendo que hay locos, vagabundos y bandidos que participan regularmente en la fiesta, en efecto, muchos de los rumberos tienen esas características, pero el punto es que el requisito es dejar esa condición en la vereda, en sus casas o en los lugares de habitación, es el único ropaje que no deben portar al interior, todos y todas son simplemente rumberos.

Pero hay excepciones. Una de esas es Guillermo. Algunos lo conocen como “monito” o “Maradona”. Ha sido un amigo y compañero leal de rumbas decenas de noches. Él tiene la doble condición, la mayoría de las veces van unidas: es callejero y tiene descontrol con las bebidas alcoholicas.

Es un personaje del barrio, conocido por muchos porque en años pasados trabajó ayudando en el extinto “Los Ladrillos” donde era una especie de mozo del administrador.

Llegó al local será unos 12 años de la mano de Julio, con la disposición a ayudar en lo que fuera a cambio de respeto, unas monedas, y el alcohol que pudiera “rescatar” de la noche.

Pero además tiene un extraordinario bagaje salsero, conociendo, desde el tiempo en que trabajó en “Los Ladrillos”, algunas salsas clásicas siendo sus preferidas las de Héctor Lavoe “Juanito Alimaña”, “Periódico de Ayer”, pero especialmente la versión de Roberto Torres “Caballo Viejo”, un himno a la belleza de la vida en voz de un viejo que canta su existencia en la historia de su jamelgo.

Otro de los que han rondado por siempre la Maestra es Richard. Probablemente, el más delirante de todos los locos que transitan por el sector, un verdadero pensador de la complejidad de la vida, situado al costado del pensamiento medido en la corrección, ideas que muchas veces se impiden siquiera exponerse como una posibilidad, por ejemplo, cuando años atrás pasaba con su mirada bizca, se acercaba al interlocutor como intentando cerciorarse de una reacción y lanzaba un sentido “… las mujeres son nefastas, nefastas!!!” y sin siquiera esperar una respuesta daba media vuelta y seguía un camino indeterminado que lo llevaría nuevamente, más tarde que temprano, a la puerta del local.

O Luly, una mujer de pelo revuelto y platinado que al pasar por la puerta realiza una bendición que termina coquetamente con un beso en la mejilla del ocasional portero del local.

Pero una de las integrantes más extrema de este club es sin lugar a dudas Chirley. De ella no se sabe mucho. Se dice que de escolar, será hace menos de 10 años, llegó al barrio pidiendo trabajo en los locales del sector, y que con los días se fue quedando, mutándose en un ente alcoholizado, sin aparente conciencia de su condición, buscando cerveza y cigarros que si no se le entrega voluntariamente puede arrebatarlos de los parroquianos que comparten en las mesas de las terrazas de Pio Nono, y por lo tanto, en permanente disputa con los meseros, quienes muchas veces la espantan lanzándole agua.

En general no es violenta, pero claro es violento verla pasar, cual animalito, hace sus necesidades en el lugar que el cuerpo le pide desaguar, sin importan otra convención más que su propio impulso.

Pero hay algo que sí es notorio para todos los que la vemos estar en el barrio, su ritmo, así es, ella tiene un especie de ritmo que en ocasiones la hace mover su cuerpo destrozado, con un cigarrillo en la boca, un vaso en la mano siguiendo la música del sector.

Todos estos habitantes están inscritos en la noción misma de identidad del barrio, de muchos de los locales que componen su mosaico, como Maestra Vida, del paisaje que hacen de las cuadras que va de calle Santa María hasta Domínica al norte, y de Constitución a Loreto por el poniente un gran patio de bandidos, locos y alcohólicos normalizados y los otros que están expuestos, en las veredas, sin otra careta que sus propias cualidades.

Sin ellos no sería lo mismo la Rumba.

Caronte

1988. El contexto político que vió nacer a Maestra Vida

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Existen distintas formas de aproximarse a la historia y distintas consideraciones temporales cuando queremos analizar una era, una época, un período, un acontecimiento o una coyuntura. Por estos motivos, hablar de objetividad para escribir la historia tiene que ver más con la rigurosidad de la metodología que se aplique para analizar un período histórico y las fuentes que se utilicen para respaldar y fundamentar el mismo, y menos con una sola forma de interpretar la historia. En este sentido, la historia no solo se compone de hechos lineales y enumerables, sino que es algo más profundo que tiene que ver con las múltiples conexiones de unos hechos con otros y las distintas interpretaciones que se puedan elaborar en esta compleja red.

Si la historia tuviera una única lectura, no existirían tantas versiones de cómo se ha desarrollado. Además, como mencionamos antes sobre las distintas formas de aproximación y estudio, esto guarda relación con los enfoques desde los que decidimos leer la historia. Comúnmente, estos se diferencian entre los enfoques económico, político, social, cultural, institucional, entre otros. Así mismo, existe la historia de los grandes personajes y los héroes patrios, así como la historia desde abajo y desde adentro, como lo menciona Gabriel Salazar, la historia de los movimientos sociales, populares y ciudadanos, que se emparenta muchas veces con la historia de los vencidos frente a la de los vencedores. Claramente, hay más perspectivas de interpretación y enfoque, pero siempre existe eso: una posición desde la que nos emplazamos que se vincula con el lugar que ocupamos en este mundo.

Es así como la década de los ochenta ha quedado grabada en la memoria de muchos, adoptando distintas formas y vivida desde diversos lugares. En esta década, a pesar de la represión promovida y ejecutada por la dictadura, el movimiento político estuvo lejos de apagarse, comenzando en 1983 con las jornadas de protesta nacional, y frente al apagón cultural, se respondió con la resistencia contracultural.

Para muchos el año 1988 es un hito importante dentro de la historia reciente chilena que rompió con los largos años de la oscura dictadura. Símbolo de este hito fue el plebiscito que daba a elegir entre la continuación de la dictadura o su término, teniendo como candidato único a Pinochet. Hechos políticos de relevancia se dieron lugar desde los primeros meses de aquel año, como fue la constitución de una coalición político-electoral: la Concertación de Partidos por el No, que reunió a 16 partidos y agrupaciones opositoras a la dictadura.

Esta fue una coyuntura histórica que tuvo como una de sus características más importantes, el notable el crecimiento del padrón electoral: se inscribieron 7.435.913, lo que equivale al 97,53% de las personas habilitadas para votar. Un porcentaje sin precedentes en la historia política-electoral lo que, sin duda, fue el producto de una movilización de masas que, a pesar de los temores de implicarse en un proceso eleccionario convocado por la dictadura, no vaciló en adherirse a la opción del No, dándole un 54,70%, frente a un 43% que apoyó la opción del Sí. Estas cifras son importantes si pensamos este proceso como el resultado de una incubación y desarrollo de la fuerza opositora popular a la dictadura, puesto que se traduce en términos numéricos una fuerza que venía actuando de manera subterránea y da cuenta, entre otras cosas, de la magnitud de convocatoria que tuvo el llamado a derrocar la dictadura.

En términos de procesos históricos de más largo alcance, cuando hablamos del año 1988 y pensamos en la actualidad, una palabra que puede definir relativamente este paso es la transición política que significó el paso de la dictadura a la democracia, pero que ha marcado un paso lento y gradual.

En la memoria colectiva está grabado el plebiscito de 1988 como el acontecimiento que terminó con la dictadura y que, posteriormente, dio paso a la elección de Patricio Aylwin como el primer presidente electo por votación popular desde de 1970. Sin embargo, pasada ya varias décadas, surge la pregunta: ¿es una democracia legítima la que vivimos, a pesar de estar regida por una constitución hecha en dictadura?  

Esto nos da una idea de cómo han transcurrido las tres décadas desde 1988. La magnitud de los votantes que se inscribieron para votar por el No, fue la traducción numérica de una movilización popular que se vino tejiendo durante años, pero con el pasar del tiempo se fue disolviendo y segregando, hasta llegar a una sociedad segmentada y bajo una profunda crisis de representatividad hundida en un sistema neoliberal que pareciera no tener salida ni fin.

Gabriel Salazar se refirió a este tema, pero lo inscribe más bien dentro de una crisis política de representación y legitimidad y se pregunta sobre la legitimidad de los gobiernos con tanta abstención electoral. Al respecto, comenta Salazar, que el despertar de la ciudadanía ha tenido como consecuencia la evidencia de un sistema de crisis, donde no existe confianza en los partidos políticos ni en los políticos ni en los procesos eleccionarios. Por otro lado, ve esta situación como un proceso abierto, puesto que el movimiento ciudadano avanza en una revolución de la mentalidad, mas no estructuralmente, y sin tener claro cómo avanzar.

Así, si vemos la historia en perspectiva y contextualizamos aquel período de fines de 1988, momento que se vive un cambio radical en Chile y, al mismo tiempo, vemos el presente, hay muchas cosas que han cambiado, por supuesto. Sin embargo, aún existe el peso de una historia y un régimen que reprimió durante años y la reconciliación que se publicitó como el objetivo al que debería aspirar los distintos sectores sociales, está muy lejos de concretarse en la medida que vivimos un régimen democrático regulado por la dictadura. Entonces. ¿cuál es la salida en este presente y futuro incierto y pesimista? Tal vez este sea un final abierto, donde las nuevas revoluciones que se están gestando, desde abajo, sean los que comiencen a escribir la historia.

OLIVIA ROJAS G.

Consideraciones sobre las prácticas y estrategias de la enseñanza de la salsa en Chile.

En este espacio queremos compartir algunas reflexiones surgidas a partir de varios años de enseñanza y observación de los procesos de aprendizaje y baile de la salsa en Chile. De estas disquisiciones ha resultado una revisión y reformulación de ciertas formas y contenidos presentes en algunos modos de enseñar- aprender a bailar salsa.
La salsa es música y expresión cultural propia de regiones latino y centroamericanas. Su origen y producción responde a idiosincrasias propias de un contexto caribeño, que en términos generales, se caracteriza por ser alegre y dado al goce y la fiesta.
La salsa, como ritmo y baile, se ha extendido en el mundo entero, desplazándose su vivencia -originalmente callejera, de placer y festejo- a escuelas de baile y contextos más formales y estructurados. Este fenómeno no sólo ha alejado el baile de la salsa de algunas formas, contextos y motivos de originarios, sino además ha ido acompañado de un proceso de mercantilización, volviéndo el “ejercicio” de la salsa en una baile fuertemente estandarizado y expuesto a desarrollo de diversos mercados.

Queremos, en relación a lo anterior, destacar dos tópicos que observamos en esta “nueva salsa bailada”. Estos nos parecen relevantes de considerar en nuestro análisis dado que combinan de una manera especial y curiosa lo más tradicional con lo más nuevo. Por una parte, la enseñanza de esta salsa ha mantenido elementos originarios, tales como la comunicación machista y unidireccional del baile, en desmedro del desarrollo de una comunicación dinámica y bidireccional entre los bailadores. Por otra parte, los aportes procedentes del mundo de la danza más formal y académica, la han posicionado como una disciplina concentrada en el desarrollo y práctica de destrezas, más que en el goce y el festejo.

Lo que nos ocupa hoy es una revisión de ésta “nueva” Salsa, con el objetivo de discutir y replantear formas y contenidos que en su enseñanza hoy predominan.
En nuestros procesos de enseñanza postulamos visualizar el baile como un proceso de comunicación dinámico y lúdico, donde la interpretación recíproca de simbologías corporales da lugar a la acción y reacción corporal que construye y alimenta el baile. Así la participación activa involucra a ambos bailadores en la composición de su baile-conversación, demandándoles ésto una conexión consigo mism@, la pareja y la música. Desde nuestra mirada, el círculo se cierra cuando este triálogo* se centra en el goce, la libertad de expresión y el respeto por sí mismo y el otro.

Esta reformulación del proceso de aprender- enseñar a bailar salsa es sólo posible si cuestionamos y reflexionamos sobre ciertos “saberes” aceptados y normalizados en relación a las dinámicas del baile en pareja, y replanteamos sus formas comunicativas, sus sentidos y sus contenidos (continuará).


Paulina Parra

Directora de Chivichana