Las ciudades tienen vida propia

Ciudad Viva: de plazas centrales y de identidades. Cómo se configura el uso de Plaza Baquedano/Italia o Dignidad

La teoría de sistema es útil para situar la idea de recursividad de una ciudad, vale decir, un organismo vivo que tiene procesos de modo tal, que es capaz de sostenerse en parámetros comunes, espacios públicos de usos dinámicos y simbologías identificables, mutando como una escenografía según dos niveles, que queremos trabajar en esta columna.

Por un lado, tenemos que los sistemas urbanos poseen normatividad, es decir, convenciones que regulan la vida pública de los habitantes y que se expresan en la legislación con reglas que son de atribución de la autoridad administrativa, aunque no siempre son resorte de debates abiertos y democráticos; por otro lado, los usos que se adecuan en las costumbres y culturas de las comunidades que habitan el espacio común, por ejemplo, la toponimia que no siempre responde a las denominadas oficialmente. Estos dos niveles se van desplegando, haciendo posible el reconocimiento de hitos geográficos por parte de los habitantes de las urbes.

Santiago, y su actual coyuntura de sublevación, es un ejemplo de esto que sostenemos. 

Antecedentes

En la primera mitad del siglo XX, el eje de las concentraciones políticas era avenida Bulnes, una caja de edificios públicos conocida como «espacio cívico», que fue proyectada por Karl Brunner en 1935 en el marco del primer plano regulador de Santiago. 

Las convocatorias a marchas se daban desde la zona poniente por la Alameda, partían en el sector de Estación Central. Al norte se iniciaban en el barrio Mapocho, cruzando el centro histórico; por su parte, en el sur los convocados se acercaban de los barrios del rededor de avenida José Antonio Matta, para desembocar en la explanada de Bulnes, en el frente sur del palacio de La Moneda. Estos recorridos indicaban la orientación simbólica de los habitantes, pues las grandes aglomeraciones populares justamente estaban en villas, cités y poblaciones al poniente, norte y sur de la ciudad. El centro era en torno a plaza de Armas, donde se concentraba el poder político y económico de Santiago y de Chile.

Esa centralidad fue variando. En la década de los sesenta y hasta la Unidad Popular, el eje Alameda, paradigma que se mantiene hasta hoy, fue destacado como lugar de las marchas y concentraciones, solo modificadas por la construcción de importantes obras civiles, como el Tren Metropolitano (Metro de Santiago), la urbanización San Borja o el edificio la de UNCTAD del año 1972 (actual Centro Cultural Gabriela Mistral, GAM).

Desde el golpe de Estado, por razones obvias, las convocatorias fueron muy limitadas, probablemente a actividades «oficiales» que la dictadura propició y logró destacar con el acarreo de funcionarios públicos, pero en general se circunscribieron siempre en torno al Palacio de la Moneda, o al edificio Diego Portales (hoy GAM), ambas por la Alameda.

Incluso las primeras movilizaciones opositoras, como las «marchas del hambre», que se realizaron desde la década de los 80, se convocaban en torno al eje plaza de Armas, calle Ahumada/Estado hasta Alameda, de masividades relativas debido a las condiciones de los estados de excepción que imperaban en ese periodo, y que implicaban los riesgos de una represión feroz que podía terminar en castigos físicos con secuelas importantes.

Avanzando la apertura política de aquel periodo, la oposición que apoyó el «no» en el plebiscito de 1988, se le «permitió» realizar concentraciones, pero en lugares lejanos del centro: Vicuña Mackenna con Ñuble; Parque La Bandera; Avenida Ochagavía (actual Norte-Sur), y locaciones por el estilo que convocaron a millones de personas; claro, en ese contexto y después de 15 años de dictadura no había sacrificio en distancia y conectividad que impidiera la manifestación pública.

Como sostuvimos al principio, un nivel para entender los parámetros que explican cómo es la dinámica de esta ciudad viva, fue la normativa que regulaba las manifestaciones públicas, especialmente el «decreto número 1.086 sobre reuniones públicas del Ministerio del Interior» de septiembre de 1983. En él se establecía un esquema taxativo, que era visado por la Intendencia, a nombre del Ministerio del Interior, para la realización de reuniones públicas, a pesar que contravenía una serie de principios del derecho universal sobre las reuniones y las manifestaciones pacíficas. Hay que señalar que esta normativa tiene vigencia hasta hoy.

En los noventa, el eje Alameda, con límites en Plaza Baquedano al oriente, y Estación Central al poniente, vuelve a tener relevancia. Potenciado por una serie de valoraciones simbólicas, y que igual generaron conflictos entre convocantes y las autoridades de todos los Gobiernos desde el retorno a la democracia, pues la idea de mantener la «normalidad urbana» y el derecho de manifestarse pacíficamente fueron dos imperativos que se hicieron muchas veces incompatibles, en la lógica de la autoridad.

Plaza Baquedano/Italia o Dignidad

El historiador Armando de Ramón, en su libro Santiago de Chile, menciona que en la colonia el límite de extramuros al oriente era un embalse desde donde se dividía el río Mapocho y el nacimiento de una vía de evacuación de las crecidas de aguas en la época de lluvia que bajaban al poniente por calle La Cañada (hoy Alameda). Ese punto era un verdadero pantano sobre el que actualmente se ubica plaza Baquedano, y es probable que aquella topografía explique el hito que da la condición de punto abierto desde el centro mirando al oriente, porque además es acá donde el río se cierra en torno a este punto, para girar 20 grados al norponiente.

Estas condiciones fueron las propicias para proyectar un conjunto urbanístico y paisajístico que para el primer centenario integró el Parque Forestal, partiendo desde este punto cero llamado Plaza Italia, hasta 1927, posteriormente Plaza Baquedano. 

Este hito, especialmente en los últimos 20 años, se ha transformado en una centralidad, en la confluencia de una ciudad profundamente segregada donde oriente es cercanía a la cordillera, identificado a espacios abiertos y arbolados; en contradicción del poniente densificado y muchas veces gris. Por su parte, el sur y norte de la ciudad con sus características de concentración de la clase media y guetos populares. 

Todo confluye acá: se inician o terminan. Las marchas de las revueltas del 2006 y 2011 partían o pasaban por este punto para continuar por la Alameda hasta el lugar de concentración. 

También es el hito de las grandes celebraciones deportivas. En muchos sentidos, esta explanada es un centro neurálgico de integración que se sostiene por sí mismo en su ubicación estratégica e ineludible.

En la lógica de los usos culturales y toponímicos, se ha comenzado a usar la denominación «Plaza de la Dignidad» como forma de enaltecer el carácter épico del último mes de luchas callejeras, pacíficas y subversivas, nombre que se validará en la medida que el pueblo lo use como referencia después de la etapa de agitación; pero eso lo veremos con el tiempo.

Así y todo, llegamos a esta extraordinaria coyuntura política en que si hay un lugar cardinal que ha estado más expuesto, ha sido Plaza Baquedano/Italia o Dignidad, resistiendo carnavales, alegrías y batallas campales, y que probablemente se incorpore, para las próximas décadas, en un espacio definitivo de la nueva identidad política de la ciudad.     

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