Chile: ¿nuevamente los primeros?

Reflexiones de un millennial

por Emanuel Ramírez Jaramillo

«Todo tiene su final, nada dura para siempre» (H. Lavoe/W. Colón).

«Las revoluciones son las locomotoras de la historia» (K. Marx).

Mientras escribo este artículo, en Chile se cumple un mes de manifestaciones en contra del sistema. Se habla de muchos temas a modificar y/o eliminar, como el sistema de pensiones, sistema de salud, educación, sueldo mínimo, seguridad ciudadana, etc. Cada día que pasa aparecen nuevos tópicos a la palestra, y así también las discusiones de cómo mejorar, cómo cambiar o evolucionar la sociedad que tenemos. Hemos visto la manera en que nuestro gobierno se muestra ante las cámaras hablando de posibles soluciones, inclusive pidiendo la paz ciudadana. Lo cierto es que cada propuesta que se nos presenta llega muy tarde, lo que provoca que la ciudadanía se moleste aún más, porque significa que los cambios siempre estuvieron al alcance, solo que se nos daban parcialmente (a migajas).

La generación que es una importante protagonista en las movilizaciones es la millennial, la cual es hija del sistema neoliberal económico en el que estamos inmersos. Eso se observa en las mismas manifestaciones, en donde el merchandising se siente a flor de piel. Inclusive, tal como dijo Carlos Peña en TVN, el ambiente fiestero que tienen es totalmente opuesto a las solicitudes ciudadanas. En parte tiene razón, porque las manifestaciones cada vez más cogen un aspecto fiestero. Si uno se dirige a protestar a Plaza Italia, es como sentirse en la celebración de Fiestas Patrias en Parque O’Higgins, donde aparecen vendedores ambulantes vendiendo comida y elementos plásticos de recuerdo. Pero ahora la identidad de estas «celebraciones» son de las exigencias sociales, con carteles pidiendo la renuncia del presidente, personas con caceloras exigiendo los cambios justos, necesarios e inmediatos; manifestantes enfrentándose a la represión por parte de Carabineros. Entonces, me pregunto: ¿será acaso que es la única manera de manifestarnos?, ¿somos tan neoliberales que hacemos manifestaciones a través del mismo neoliberalismo?, ¿por qué todo lo aceptamos como una forma natural de sacar provecho económico? Es todo muy contradictorio, ¿no le parece?

Tal como hay un grupo mayoritario de personas que desea el cambio del modelo económico actual junto con la Constitución de 1980 (y mucho más), hay otro sector que lo defiende: señala lo terrible de esta situación y advierte (amenazas) de las épocas de «vacas flacas» que se vendrán por culpa de nuestros petitorios y nuestra forma de hacernos escuchar. Lo curioso de las personas que defienden este modelo, es que no se dan cuenta de lo frágil que es. ¿Cómo es posible que un sistema económico colapse en cuatro semanas?, ¿cómo es posible que las pymes quiebren con una explosión social?, ¿cómo es posible que la gente siga manifestándose durante cuatro semanas sin descanso?, ¿no será acaso que estamos en un caos y en una crisis desde antes?, ¿es que estas manifestaciones nos enrostraron que nuestro «potencial económico latinoamericano» siempre estuvo en una cuerda floja?, ¿qué situación económica estará pasando una familia que vende completos al medio de la concentración popular arriesgando inclusive sus vidas?

Al igual que las solicitudes ciudadanas que aparecen día a día, también se presenta lo débil de nuestro sistema económico, político y social. Y también, de igual forma, aparecen infinitas formas de expresión.

Todo lo que está ocurriendo en Chile es un caos, desde los petitorios, respuestas gubernamentales, manifestaciones, sistema económico. Nadie sabe «para dónde va la micro», ni siquiera los más expertos.

¿Será acaso que nuevamente somos los primeros?, lo señalo porque fuimos primeros en escoger el socialismo democráticamente, y fue tal el impacto en el mundo que hasta la misma ex Unión Soviética quedó sorprendida, estando nosotros bajo la mirada del planeta. También fuimos los primeros en instaurar (y experimentar) el sistema neoliberal, en donde incluso privatizaron con algo que su mismo creador, Milton Freedman (ganador del Premio Nobel de economía por su creación), nunca señaló si había que tocarlo: la salud y la educación.

¿Acaso no seremos los primeros (nuevamente) en manifestarnos en contra del sistema de vida económico tal como lo conocemos? Pregunto esto porque somos los únicos que hemos vivido este sistema en su máxima y salvaje expresión.

Me hago esta pregunta, pues vemos a diario que no hay solución para todas las demandas sociales. Todo lo que el Gobierno, o más allá, «los políticos» nos quieren dar, llega totalmente tarde a la situación del país.

La generación millennial es una generación que ha visto el abuso social, económico y político de dos y hasta tres generaciones. Hemos observado a nuestros abuelos y abuelas luchar y crecer en un mundo sin oportunidad, hemos sido testigos del esfuerzo de nuestros padres a diario para darnos una buena formación, para que no vivamos las penurias que ellos vivieron. Esta generación ya no le cree a la izquierda aburguesada y no tranza con la derecha injusta. Por ello, este movimiento social no tiene ningún tinte político añejo, como ningún punto de llegada específico. A su vez, es una generación que está dispuesta a seguir trabajando para cambiar las cosas, por eso también es normal que en las manifestaciones nuestros padres salgan en las mañanas convocados por sindicatos, y los millennials salgan a expresar su descontento después del término de su jornada laboral.

Tal como señalé en un inicio, es todo muy contradictorio, quizá es porque somos hijos de un sistema económico y no sabemos expresarnos de otra manera. A la vez que luchamos, lucramos. Estamos constantemente en una contradicción, a la vez que queremos ver la caída del sistema, queremos nuestra tranquilidad. Queremos sacar dinero de todos lados para nuestro bienestar, pero lo cierto, y que es una gran motivación, no tenemos nada que perder, porque ya estamos cansados de esta búsqueda de bienestar falso.

Todas las miradas están puestas en Chile y Latinoamérica en general. Están pasando cosas, estamos haciendo la historia, pasarán años para que todo cambie. Puede que vengan tiempos bastantes difíciles. Todo cambio (revolución—evolución) tiene su costo.

Esperemos que la locomotora de la historia avance hacia una dirección justa, en donde todos tengamos una digna oportunidad de crecer y aportar a la sociedad, dejando atrás un sistema «meritocrático falso», para crear así una historia «distinta y diferente».

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