Benny Moré: cien años de la primera voz popular de Cuba

En la isla se suceden una serie de actos culturales en homenaje a «El Bárbaro del Ritmo», donde sobresale un documental y un disco interpretado por la cantante Omara Portuondo.

Por Emmanuel Ganora

Entrada la noche, la señora Virginia Moré se dio cuenta de una de las tantas travesuras del inquieto Bartolomé, uno de sus 18 hijos: no estaba en casa. Una señal sobre sus coordenadas era un lejano barullo que se asemejaba a una rumba, allá en Santa Isabel de las Lajas, provincia de Cienfuegos, Cuba. Era muy probable que el pequeño, que a los seis años tuvo la imperiosa necesidad de fabricarse una guitarra en base a una tabla y un carrete de hilo, estuviera en medio de músicos y bohemios. Para allá partió, con el ánimo de reprenderlo y traerlo de una oreja a su cama.

En efecto, Bartolomé estaba encaramado arriba de una mesa, «soneando» de lo lindo, animando el rumbón. El arte, que poderoso fluía en la humanidad de su hijo, hizo que Virginia se quedara embelesada presenciando el nacimiento de un artista. Ambos volvieron a casa un par de horas después, con la secreta sospecha de que el niño llegaría lejos.

Esta escena, relata años después la propia Virginia Moré, refleja el precoz e innato talento de Bartolomé Moré Gutiérrez, que haría de este una de las figuras centrales de la música popular cubana en sus géneros de exportación: son, mambo y bolero. En la isla ya han estado homenajeando a uno de sus embajadores musicales por excelencia, pues este año se cumple el centenario del nacimiento de quien trascendiera con el nombre artístico de Benny Moré y su apodo inexpugnable: «El Bárbaro del Ritmo».

En este contexto, Cuba ha organizado una serie de actos culturales que rememoran a «El Benny», destacando la exhibición del documental Los últimos días de El Benny, del realizador Damián Pérez —en base a entrevistas de músicos, familiares y material de archivo como imágenes inéditas de los últimos días del artista—, y el lanzamiento del disco Siempre tu voz, de la legendaria Omara Portuondo junto a la orquesta del flautista Ethiel Failde. Un disco de 10 canciones que inmortalizaran la voz tenor de Moré, más un tema titulado Siempre tu voz, canción que parte en clave de salsa con el fraseo «mira cómo pasa el tiempo y queda tu voz, siempre tu voz», interpretación que abre la cantante Yerlanis Junco, para terminar en un chachachá a cargo de Portuondo, dedicado al Benny. «Ahora me toca a mí, porque yo te conocí», abre los fuegos quien fuera la voz femenina de Buena Vista Social Club.

A esto se suma el reconocimiento realizado por el Instituto Latino de la Música de México —país donde Moré consolidó su carrera—, institución que lo nombró «Estrella del Siglo».

Del campo, a la ciudad, al mundo

La historia de Benny Moré se asemeja a prácticamente la totalidad de los músicos populares del Caribe: salir de la pobreza en base al talento de cuna.

Cuando «Bartolo» iba en el cuarto grado de su escuela, tuvo que dejar los estudios para ir a trabajar en el campo. Ya en la adolescencia, fue a probar suerte a La Habana, donde vendía frutas y hierbas medicinales. Fueron tiempos rudos que lo obligaron a retornar a su pueblo natal, ahora para trabajar en la zafra de la caña de azúcar con su hermano Teodoro. Cuatro años más tarde volvería a la capital cubana, ahora decidido a probar suerte en la música, cantando en bares, cantinas y a los turistas en El Malecón.

Fue en esta época, inicios de la década del 40, que el músico Siro Rodríguez, segunda voz del Trío Matamoros, escuchó a El Benny cantar en un bar, quedando impresionado por su talento. Ocurrió entonces que Miguel Matamoros tuvo un problema de salud, por lo que buscaron a Moré para el reemplazo. Quedaría ligado a esta banda por años, con la que incluso viajaría a México, en lo que sería el primer hito de su carrera. El éxito comenzaba a llegar a la vida del artista.

Allí deslumbraría a los mexicanos, actuando con las orquestas de cubanos que ya habían cimentado una carrera en la competitiva industria musical de ese país. Luego que el Trío Matamoros volviera a Cuba, Moré se quedó en México como cantante de las orquestas de Mariano Merceron y de Damaso Pérez Prado, con quien graba las canciones Babarabatiri y Guanabacoa, entre otras. Es en esta época que comienza a adoptar su impronta en escena; vestón amplio, pantalones tipo bombacha, que con el tiempo escondían un tumor en el hígado; zapatos de dos colores y un bastón que, según hipótesis de algunos biógrafos, era un gesto a la religión afrocubana. En efecto, Elegguá, una de las deidades del panteón Yoruba, utiliza un bastón que le ayuda a abrir los caminos, según sostiene la tradición. También contrae matrimonio con la enfermera mexicana, Juana Bocanegra Durán, siendo padrino de boda el estelar cantante mexicano, Miguel Aceves Mejía.

Luego de retornar a Cuba, lanzar Bonito y sabroso —su primer éxito en la isla— y trabajar junto al conjunto del pianista, Bebo Valdés; Moré formaría su propia orquesta: la llamada Banda Gigante —«Mi querida tribu», en palabras del artista—, en formato big band con 40 músicos en escena. Una generosa formación que seguía las órdenes de El Benny, en especial para el momento de la improvisación, siendo que Moré ni siquiera tenía formación musical académica. Una dirección en base a un desarrollado instinto forjado en el oficio del autodidacta. 

Morir en casa

Contrario al destino de muchos de sus pares cubanos, como Celia Cruz, el mismo Bebo Valdés, Pérez Prado —entre otros—, Moré decide quedarse en la Cuba socialista de Fidel Castro. Incluso rechaza una gira por Europa, dado a su miedo a los aviones.

En 1963, sin embargo, su alcoholismo galopante comienza a hacer mella en su organismo. Se le manifiesta una cirrosis que se traduce en vómitos de sangre, mientras se esfuerza por cumplir con sus últimos compromisos.
La muerte lo encuentra con apenas 43 años y un puñado de canciones que son ineludibles a la hora de rastrear la música cubana, la música bailable en el continente: Francisco Guayabal, Qué bueno baila usted y el bolero, Cómo fue, compuesta por el cubano Ernesto Duarte, pero que Latinoamérica asocia a la versátil voz de «El Bárbaro del Ritmo».

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