La salsa como resultado de múltiples revoltijos

«La salsa no expira porque inspira», Rubén Blades (2017).


Por Paulina Parra

Este texto regresa en el tiempo con el fin de revisar algunas referencias que nos han dejado los relatos sobre los acontecimientos vividos y sufridos, bailados y gozados, percutidos y silenciados, abatidos y brotados sobre una parte de nuestra historia musical y «danzaria» afro-caribeño-latinoamericana.

Visualizamos algunos hitos que nos merecen importancia en esta sucesión de hechos. Los denominamos «revoltijos» y en este texto se expone el primero. En posteriores números, iremos presentando los siguientes momentos de mixturas que, con el propósito de ir recorriendo los suelos que pisaron los resistentes danzantes al son de sus protestantes instrumentos, podamos ir recomponiendo una letra sobre nuestra hoy llamada «salsa».

1. La música y la danza ante la llegada de los españoles

Los primeros contactos de los españoles con el continente americano en 1492 sucedieron en las costas del Mar Caribe. Al momento de su llegada, existía en centro y Sudamérica un importante y diverso desarrollo sociocultural y económico. Más allá de las características particulares de la organización social, política, cultural, religiosa y económica, la música y la danza ocupaban un rol preponderante en el cotidiano de los habitantes de la región. Fernando Ortiz, antropólogo y musicólogo cubano de fundamental y profuso legado etnográfico sobre la cultura de Cuba y el Caribe, relata en La música y los Areítos de los indios de Cuba (1984) que «la gran afición a bailar que tenían los indios antillanos llamó la atención de los historiadores desde los primeros años del descubrimiento». Asimismo, rescata escritos de cronistas tales como Bartolomé de las Casas, quien describió que los nativos bailaban «sin duda, con todos los músculos del cuerpo y no solo con las piernas, dando mil saltos y haciendo mil gestos» (Ortiz 1948:43). 

Los habitantes de las tierras caribeñas gozaban de ceremonias que Ortiz continúa describiendo como una instancia de «divertimento y cultura, liturgia y estímulo para la vida y el trabajo, regocijo […] ejercicio corporal y magia, rito y realidad, reflejo del estado económico-social y representación política de la “comunidad”». Esta permitió mantener tradiciones orales a través de cantos e incluso establecerse como una instancia de protesta colectiva y de preparación para rebeliones. Su carácter colectivo admitía la participación de todos los miembros de la comunidad, ya fuera como observadores o como participantes de las danzas rituales, además de conferir una ocasión para estrechar relaciones con otras comunidades. Estas características muestran la función relacional y de vinculación comunitaria que ofrecía el Areíto en un espacio de articulación interindividual más que de segmentación, según adscripciones sociales, económicas o religiosas. 

2. El primer revoltijo

En el texto La encomienda y la desaparición de los indios en las Antillas Mayores (Córdoba 1968) sostiene que la llegada de los españoles produjo un rápido exterminio de la población nativa antillana, especialmente de los habitantes de las Antillas Mayores. Prontamente, los locales tomaron contacto no solamente con los conquistadores, sino también con los esclavos que, traídos en migraciones sucesivas, oleadas diferentes, de procedencia jerárquica y social diversa, y desde distintas regiones africanas, fueron distribuidos de manera desigual y desarticulada en el territorio caribeño. Al tiempo se sumaron mercaderes de diversas zonas del mundo, que con posterioridad constituyeron otro aporte más a la amalgama que se venía gestando. 

El arraigo de la africanía imprimió un nuevo carácter al Caribe. Los africanos materialmente desposeídos mantuvieron sus lenguas y creencias cuando la colonia se los permitió. La vida de ellos, al igual que la de los prácticamente extintos nativos antillanos, estaba atravesada por la presencia de música y baile. Al respecto, Ortiz señala que para los nativos antillanos «tal como ocurre en los pueblos negros de África […] suelen ir juntos música, canción y danza para la trascendencia de la grey social». 

La influencia africana aportó una inmensa diversidad de tambores y una muy amplia gama ritmática. La africanía de la música folklórica cubana (Ortiz 2001) describe que los africanos «llevan ese ritmo a todos los movimientos de su vida, especialmente a los de la colectiva. Los ritmos acompañan todos sus esfuerzos; los impulsan, los estimulan, los conducen y los sofrenan. Y, sobre todo, los ritmos colectivizan sus actividades, haciendo posible la vida fuertemente del negro, toda tribal, conyugada y cooperativa. La marcha, el trabajo, la ceremonia […] todo se traduce en ritmos; sobre todo la efusión de grandes emociones».

La necesidad de sociabilidad y ayuda mutua para esclavos, y la utilidad para colonos de que los esclavos y sus descendientes pudieran agruparse, se tradujo en que hacia 1598 les fuera permitido reunirse en cofradías organizadas en las iglesias. Estas asociaciones, prontamente llamadas «cabildos de negros», congregaban esclavos de una misma nación y constituían un espacio de contención y ayuda mutua, que a su vez permitió conservar tradiciones culturales africanas, dentro de las cuales cuentan el rito y las prácticas ancestrales de cantos y danzas religiosas. En Clásicos tropicales: Música cubana de salón siglo XIX. Introduction to XIX Century Cuban Music: contradanzas, Danzas, & habaneras. In relation to Cuban history. Prat (2016) describe que en esos espacios nace el sincretismo religioso dado «que en la Cuba colonial no se permitía a los negros rendir culto a sus divinidades ancestrales, ellos colocaban en sus altares imágenes de santos cristianos que identificaban con sus dioses, y debajo de ellas, las piedras y ollas que los representaban, iniciándose un sincretismo religioso que el blanco desconoció por mucho tiempo» (p.10). El autor incluso sostiene que en los cabildos se ubica «el origen de los carnavales tropicales y de las celebraciones como el Día de Reyes de La Habana» (p.10). 

De esta manera, se comprende cómo el contacto con la cultura dominante y la obligatoriedad que esta les implicaba impulsó el desarrollo de formas de cantar y bailar nuevas e independientes a las de sus cultos afroides en el cabildo. En el ámbito de lo musical y «danzario», los cabildos sirvieron para reconstruir sus músicas originarias, así como para desarrollar una música profana que usaban como sistema de comunicación fuera de sus fronteras.

3. El sincretismo en los bailes populares caribeños

A lo largo de todas las Antillas el mundo musical español y africano se mantuvo separado mucho tiempo por razones principalmente económicas, sociales y religiosas. Pero, con el pasar del tiempo, el mestizaje fue inevitable y la música y la danza fueron parte y expresión de ese proceso. En Historia del baile y la rueda de casino-salsa (Borges, Sardiñas 2012) hacen un recorrido por las danzas de países de América Central y el Caribe, observando que «a pesar de que los orígenes africanos, europeos e indios son los mismos; la música y las danzas varían considerablemente en cada país o zona donde se originan» (p.27). 

Así, bailes como la contradanza, cuadrilla, vals, mazurca traídos de Europa fueron diversamente intervenidos y reinventados con la capacidad rítmica de los africanos, naciendo nuevos géneros musicales con respectivos bailes sincréticos tales como la danza cubana, que luego se convertiría en habanera en Cuba, la bomba en Puerto Rico, el calypso en Venezuela y Trinidad y Tobago, etc. Queda agregar que la «africanización de la música europea en el Caribe fue un proceso complicado que implica, por un lado, un sincretismo interétnico de las varias culturas africanas importadas y, por otro, una dinámica del poder que involucraba a varios grupos sociales, desde el humilde esclavo hasta el aristócrata blanco. Fue un proceso de hibridación que tuvo lugar en los núcleos urbanos» (Prat 2016).

De esta forma, y a la luz de los antecedentes descritos, es posible visualizar los inicios de un viaje de siglos de mestizaje cultural, musical y «danzario», que lenta pero contundentemente va sentando las bases para que la hoy llamada «salsa» pudiera surgir. Esta música, fiel a su carácter mestizo y urbano, nos sigue sorprendiendo y regalando variadas formas de reinvención. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s