Maestra Vida es femenina

El año 2015 debatimos sobre la voz de Maestra Vida. En realidad, quisimos aclarar respecto del género gramatical de las publicaciones en redes sociales y página web, cuestión que asomaba como adelanto de otro proceso que ya estaba instalado en la opinión pública y que en 2018 se reveló con fuerza como el año de las movilizaciones feministas. El tema parecía baladí, a lo mucho una cuestión de estilo, cambio que era propuesto por el equipo de producción de ese entonces que pretendía que las comunicaciones que emanaban desde el local fueran con acento femenino.

Algunos éramos de la idea de mantener el género neutro, algo así como «somos Maestra Vida, el boliche de la esquina», y la idea era pasar a «soy Maestra Vida, tu boliche, amiga».

Esas digresiones me recordaron otro debate de larga data: ¿la voz poética tiene género? Esta es una problemática que ha enfrentado a poetas, académicos y lectores sobre la existencia de un género en la voz de la lírica. Me parecía, en ese momento, que era un contrasentido hacer esa distinción sobre el sexo de Maestra Vida, la urgencia era preparar los textos que acompañarían la nueva página web del local.

Claro, ser femenino no es lo mismo que ser feminista, pero la disputa sobre el lenguaje es la punta de lanza que el movimiento ha puesto en tensión en la perspectiva que desde esta dimensión se permite construir la realidad, hegemonizando nociones de sociedad y, en algunos casos, normalizando mecanismos de segregación.

Por tanto, pretendíamos que, por el camino de precisar el género gramatical, podíamos abordar dos cuestiones, aunque no urgentes en ese momento, mientras que al mismo tiempo existían situaciones pendientes en un horizonte de reconocimiento de grupos políticos: Maestra Vida es femenina, y a la vez, feminista.

Han pasado años desde aquellas conversaciones de almuerzo en las que Charly Pérez impulsaba —empujaba en verdad— a discutir el punto y, en particular, a defender por qué se debía mantener la voz neutral, posición que yo sostenía, a diferencia del equipo de producción. Eran dos compañeras con una clara opción por hacer femenina a Maestra Vida, y desde esa posición también hacerla feminista.

Me parecía, en todo caso, que era un cambio injusto, pensando que no militábamos en un activismo en particular, éramos muchas minorías reunidas en torno a la rumba. Por ejemplo, desde siempre habíamos trabajado en la problemática medioambiental, de pueblos originarios, de las luchas de liberación, de la libertad sexual y corporal. Hablar desde el feminismo era una concesión que dejaba de lado a todas aquellas otras luchas que perduraron por décadas en el local.

Finalmente, se optó por la alternativa del equipo de producción, cuestión que con el tiempo pienso que fue lo correcto. Sin embargo, lamentablemente a la larga solo fue un gesto, una enunciación de intenciones que para la perspectiva de una agenda feminista debió abarcar otras cuestiones más urgentes: un protocolo contra el acoso en la rumba; la resignificación del baile como una actividad bidireccional, donde dos personas interactúan representando un juego sensual que tiene una amplia gama de posibles salidas, y donde es posible que en esa dinámica se pueda, recíprocamente, aceptar una intimidad que se da en la experiencia de quienes participan, pero que termina en el instante en que acaba la canción.

Maestra Vida sí es femenina, es madre. Muchos de los valores (descripción de cualidades positivas) que «los rumberos» le asignan al local son seguridad, intimidad, confianza, diversión, alegría. Hay habituales que hablan de matriz, nacer cuando se está en un vientre y para luego, cuando sales al «mundo», buscar volver a ese momento fundante.

Pero Maestra Vida no es solo femenina por estos valores, lo es también por aquellas ideas que la ubican como lujuria, evasión, desenfreno, erotismo. De las interacciones de personas que se han cruzado en su pista y rincones se han formalizado relaciones de tiempo que han legado hijos al mundo.

En algún momento tendremos que discutir con toda la «comunidad maestrística» qué significa ser parte de este espacio, de su feminidad y de su postura feminista, pero también americanista, indígena, librepensadora y subversiva.

Mientras tanto, asumamos que para todos los efectos Maestra Vida es femenina.

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