No somos periferia

Por Huauhtli

Nacer en la recién nombrada CDMX (por Ciudad de México), trae consigo cierta estigmatización y en algunos contextos también provoca desconfianza. Al exterior se habla del desarrollo impresionante que se ha generado a lo largo de los años, también se habla de la violencia desmedida en ciertos puntos de esta gran urbe.

Como centro urbano las políticas públicas le apuestan a la desmemoria y a la amnesia colectiva, existe también una forma de nombrar todo lo que se escapa de la ciudad: la periferia. Desde hace algún tiempo he notado el interés de investigadores, artistas, sociólogos, antropólogos y demás especialistas hacia este término, que generalmente se usa en relación a las ciudades, marcando el territorio que se encuentra alejado del núcleo urbano. Pero ¿qué ocurre cuando uno de los orígenes más antiguos de la CDMX está ubicado en este territorio que ha sido arbitrariamente nombrado «periferia»?

Veamos un poco de historia, casi todos conocemos aquel mítico relato que habla de la fundación de la antigua Mexihco-Tenochtitlan. Cuentan que un grupo de personas venían desde Aztlán, y al mirar en medio de un islote vieron un águila devorando a una serpiente, por lo que decidieron fundar ahí la ciudad. Este suceso se remonta al año de 1325.

Bueno, pues el espacio «periférico» del que voy a hablar es Xochimilco y tiene registro de que hacia el año 900-1200 d. C. (posclásico temprano). «Los xochimilcas fueron parte de las tribus nahuas que migraron al centro de México desde el norte, y eran guiados por un señor llamado Huetzalin, según las fuentes, o por Quilaztli, según otras. Al llegar a la Cuenca de México, los xochimilcas se asentaron sucesivamente en Tlacotenco, Santa Ana y Milpa Alta, para finalmente ocupar el Cerro Ciuilama (Acalpixca)» [1]. Ya en el posclásico tardío, «Xochimilco se convierte en un asentamiento de grandes dimensiones y de importancia (…) gracias a la productividad que permitía el cultivo en su extenso sistema chinampero». [2]

Hacia el año 1375-1395, Xochimilco es conquistado por los mexicas, para en 1521 caer en manos de los españoles. El siguiente suceso comienza el año 1900, cuando la escasez de agua potable en el entonces Distrito Federal da pie al despojo del agua de los manantiales de Xochimilco, el Gobierno de Díaz en 1904 expropia las tierras en donde estaban los manantiales, despojando así a sus habitantes y sus chinampas (método antiguo de agricultura) de su principal fuente de vida: el agua.

La vida y cultura lacustre se vieron interrumpidas, las actividades alrededor de la economía local se vieron mermadas y vino un proceso de cambio abrupto, las personas ya no podían seguir sembrando, fue así que comenzaron a recorrer grandes distancias para poder laborar o estudiar, pues la vida había cambiado, la modernidad había modificado un modo de vida milenario.

Hago hincapié en este suceso, ya que hasta antes del despojo del agua, las chinampas como territorio ancestral fecundaron una fina tecnología agrícola, brindando a los pobladores, a veces, hasta tres cosechas al año. Asimismo, en los lagos cristalinos habitaban carpas, ajolotes, acociles y una variedad muy peculiar de mosquito, todos estos animales formaban parte de la gastronomía lacustre. Es así que nuestros abuelos se alimentaban del tlapique, que podía ser de carpa o bien de ajolote (sí, antes no estaba en peligro de extinción), los tamales de charal y los acociles en guisado, también se comía el michmolli y el ahuauhtli. Hoy, tras el despojo (que aún continúa), esta gastronomía ha buscado sobrevivir no solo en la memoria, sino a partir de la sustitución de ingredientes, tal es el caso del tlapique que mi abuela Francisca Xolalpa prepara ya no con carpa, no con ajolote, sino con pollo; pero conserva las verduritas características de la región y su peculiar forma de cocción.

¿A dónde quiero llegar con esta pequeña reflexión? La periferia no existe, pero funciona desde un ángulo político/social porque nos sitúa en un papel de «marginación» y «atraso», nos clasifican como ciudadanos en «vías de desarrollo» a quienes se les orilló a vivir hasta este lado del territorio. Pues eso no es real, nosotros existimos y habitamos la región desde hace mucho tiempo, lo que verdaderamente sucedió es que nos continúan despojando del agua para seguir llevando su vida cómoda en el centro de la ciudad. Nuestros manantiales no son más que una fuente de vida y memoria de aquellas historias de sirenas. Ya no vamos a ofrendar, ahora está entubado para que en la Ciudad de México no falte nunca el agua y para que puedan venir a salvarnos con sus garrafones de agua limpia que compraron en el Walmart.


[1] Peralta, A. (2011) Xochimilco en la época prehispánica en Arquelogía Mexicana Xochimilco Patrimonio de la humanidad. Edición Especial 43. 14 y 15

[2] Op.cit.

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