Los Berrú, sin Max

Nací hace 4 décadas en Italia, durante el exilio de mis padres en Italia, durante el largo período de la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet Ugarte. Mi padre, fundador y ex integrante del emblemático conjunto Inti-illimani, se separó de mi madre a mis 4 años. Durante una década, con mi hermano 5 años mayor que yo, Tocori, fin de semana por medio, estuvimos  cimentándonos de música, de viajes, de giras y de mucho amor, regaloneados por nuestro padre. Una verdadera dicha. Luego esa dicha se hizo mucho más intermitente: Max Berrú, decidió seguir la aventura musical, cumpliendo el deseo de volver a su segunda patria, Chile. La primera, obvio, fue su natal Ecuador. Nosotros continuabamos en Italia. Recién llegué a habitar este estrecho y largo país en 1997, a la edad de 19 años. Viví junto a mi padre y su nueva familia, conformada por su esposa Mónica y mi hermana Aruma. Mi hermano Tocori había llegado 5 años antes que yo. Bueno, allí empezó una nueva aventura para mí.

Así, durante 10 años mi padre, luego de haberse retirado del conjunto, fue dueño de un conocido restaurante de comida ecuatoriana en pleno providencia,  “La Mitad del Mundo”. Este colorido local tenía un escenario por donde pasaron muchos músicos jóvenes y otros ya consagrados, humoristas y artistas de otra índole. Trabajé en la cocina, en el bar y en la caja durante ese periodo, intermitentemente. Luego de una década, por diversas razones, de salud, entre otras, mi padre decidió vender el restaurante y se dedicó a la carrera de solista con la banda “Los Insobornables” de la cual sigo siendo parte. Me dediqué a cantar y a tocar la trompeta. En un principio éramos 4 músicos, entre los cuales Joaquín Figueroa, que conoció a mi padre en La Mitad del Mundo, cantando a dúo con Nicolás Valenzuela y a Cristian Guaico, del grupo Amaru. Luego se nos unió mi hermano Tocori, en guitarrón mexicano, guitarra y quena. Mi padre ya había publicado 2 discos de música, “Íntimo” e “Íntimo 2-Cantando como yo canto”. Salimos de gira a lo largo del país y 5 veces a Ecuador. La última vez fue en septiembre del año 2017… meses antes de que falleciera mi padre. A esa fecha,  ya le habían diagnosticado el cáncer a la sangre que lo afectaba. Max Berrú Carrión, como muchos saben, murió el 1 de Mayo de 2018. Una fecha bien significativa para quién fuera un luchador social, un artista consecuente con su época y con el sueño de un mundo mejor. Su velorio y funeral fue multitudinario.

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En lo personal, me he dedicado a la música más seriamente en los últimos 5 años. Participo en diversos proyectos, dentro de los cuales está “Los Insobornables”, junto a mi hermano Tacori, y otros 4 músicos.

En la actualidad estamos dedicados a la realización de un disco tributo a Max Berrú -nos ganamos un proyecto FONDART-. El disco, que debería salir a fines de este año, contará con la colaboración de destacados músicos nacionales, todos ellos vinculados con mi padre. Roberto Marquez de “Illapu”, Jorge y Marcelo Coulon del “Inti-Illimani”, Elisabeth Morris, Pedro Foncea de  “De Kiiruza”, Joe Vasconcellos y muchos otros. Obviamente, la banda soporte seremos “Los Insobornables”. Mi hermano es el productor musical y yo el productor del arte.

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No es fácil estar sin Max Berrú.  Durante 20 años estuve trabajando directamente con él, colaborando, así como en el último periodo, dónde fui un poco el secretario y el manager de su agenda artística. Eso fue una dicha y una pesadilla a la vez, ya que peleabamos seguido, o más bien discutíamos habitualmente. Ambos caballo en el horóscopo chino y géminis en el zodiacal. Muy parecidos en el modo de ser: apurón y testarudo… Pero re-buenos para relacionarnos con la gente. De hecho nuestra fortaleza siempre han sido las relaciones públicas. Extraño harto a mi padre, pero me siento tranquilo, estuvimos bien cercanos y ahora más que nunca cerca con la familia. El legado que nos deja este gran personaje es enorme. La posta que recibo es en especial importante, pero bien “confeccionada”. Es decir, siento que tengo la tarea de seguir en este baile, el de la música, el del desarrollo personal haciendo lo que me gusta: la música. Aprendiendo a dominar un instrumento tan complejo como lo es la trompeta y la voz. La herencia es algo que no perdona, y sería imperdonable dejarlo pasar. Así es que, siento que estoy en ese proceso hermoso y delicado a la vez de tener, junto a mis compañeros de recorrido, que continuar, no digo reemplazar a quién realmente es irremplazable, la senda de una de las voces más aterciopeladas de este país.  

Cristóbal Berrú Germain

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